Monday, May 14, 2007

Una cena diacrónica

Ya había estado dos veces en Cascadia. La primera, en un encuentro para la Prensa ofrecido por Milka Duno cuando vino a Guatemala. Seguido, fuimos con Luis, en otra ocasión. Por tanto esta es mi tercera visita a este restaurante, un tanto experimental, cuya especialidad es ofrecer un ciclo gatronómico, es decir, sirve los platillos uno tras otro en una propuesta, como diría Octavio Paz, de sucesión diacrónica.

El servicio, cuyo rating debería ser 10 ó 10+ se mantuvo entre 9.5 y 9.8 debido a ciertas desatenciones, mínimas, por parte del personal. Sin embargo, en general fue más que muy bueno. El primer platillo en arribar, alrededor de cinco minutos después de habernos sentado, fue una ensalada mesclun con vinagreta de la casa y quesos de cabra empanizados. Muy ácida para mi gusto (hago la salvedad, detesto los vinagres), pero los quesos estaban exquisitos. Si Luis me advierte con antelación ni los hubiese probado debido al típico prejuicio contra los lácteos de cabras, conocido en mí.

Seguido vino una estructura de camarón con salsa de mango escalfada en Oporto: El camarón, erecto en el centro del plato, delicioso; la salsa, tolerable. Una vez más debo aclarar, en beneficio de la casa, mi desapego a las salsas de frutas en general.

Luego de una breve pausa apareció una sopa de cebolla gratinada de muy buen sabor, textura y temperatura. Nada objetable en ella, pero tampoco destacable.

Entonces, con poco tiempo de diferencia, degustamos un platillo exquisito: tilapia con harricots verts y almendras tostadas. Me recordó a los mejores días del desaparecido Puerto Chico en donde una vez, y solo una, disfruté de la mejor langosta thermidor de toda mi vida. La textura de la tilapia, la temperatura, el color y el sabor, por supuesto, se combinaban en un todo tan fabuloso, como para merecer formar parte de las descripciones culinarias de las Mil Noches y Una Noche, según las tradujo Mardrus al francés.

No podían faltar las pastas, su lugar lo ocupó un fettuccini con crema de hongos shitakes, fresas y panceta. Con franqueza, es raro encontrarse con una pasta mal preparada, sin embargo, la combinación de la textura de los shitakes, así como la salsa, hicieron a esta en particular un platillo muy deleitable, como calificarían ciertos réprobos, citados por Borges, de una obra de Swedenborg.

La carne roja estuvo representada por un lomito con costra de romero en salsa de pimientos verde, rojo y rosado. Deliciosa con excepción de su cocimiento, una vuelta, muy roja para el gusto de muchos. Es, por tanto, imperativo aclararle al mesero si la quieres un medio, tres cuartos o casi carbón, porque el chef sigue el estándar, un cuarto.

Para finalizar tuvimos la oportunidad de probar, no la guinda, sino el banano del pastel: glaceé de banana y nougat de nueces caramelizadas y salsa de chocolate (los nombres de las recetas están copiados del menú, aclaro). Sin duda uno de los postres más exquisitos degustados en mi vida. En conjunto, la procesión culinaria antes descrita constituyó una de las experiencias más gratas en cuanto a comidas en restaurantes se refiere. Mejor que las veces anteriores pero, sumada a ellas, subió mi promedio de excelencia del restaurante el cual, aunado al ambiente tranquilo y a su plácida decoración, me obligan a recomendarlo como uno de los mejores en su rango de precio, servicio y tipo culinario.

***Este restaurante está ahora difunto***
Foto: Luis Alejos. La visita tuvo lugar el viernes 11 de mayo de 2007, la foto corresponde a otra oacsión.

4 comments:

Duff Man said...

Una velada de placeres gastronómicos como esta siempre cae bien. De vez en cuando hay que romper la alcancía o gozar de buenos contactos para recibir tal privilegio.

Leon said...

Delis. Hay que seguir la aventura e investigar nuevos derroteros. Est{apendiente ir al Churrasco Centroamericano.

Alejandra said...

No es muy ético que dé a conocer la crónica antes de publicar en el medio. Además, no es nesclun sino mesclun o Mesclun.

Leon said...

Perdón. Se trata sólo del borrador y gracias por la aclaración. No lo vuelvo a hacer...