Thursday, February 01, 2018

La forma del Agua

 

Guillermo Del Toro se revela una vez más como un exquisito narrador capaz de combinar ficción histórica, cuento de hadas y ciencia ficción en un solo paquete. The Shape of Water es un romance con toque de musical, magnífico, extático, supremo, que no deja por un lado -como ha sucedido en otras de sus películas- la aguda, y en este caso sobria observación, sobre la época en que las situa, con mordaces críticas sociales.

Las actuaciones son impresionantes con un casting casi perfecto y una sólida dirección que sabe desde el principio hacia dónde quiere llegar, y que hasta ahí llega con fluidez, gracias a una buena dósis de suspense. Otro factor es la pista musical que literalmente define a la época a través de visiones nostálgicas de un Estados Unidos que le quiso vender a su gente una visión rosa de la vida.

La obra creó gran expectativa, sobre todo por haber sido nominda a 13 óscares de la Academia y como ha sucedido en muy pocas ocasiones las llenó por completo, sobre todo en mi caso, que he sido siempre amante de las películas de monstruos de la Universal Pictures, de la cual -sin afán de spoilers- tiene una impronta en su más profundo ADN.

Si hablamos de actuaciones, los protagonistas literalmente fueron devorados por sus personajes, pero cabe destacar las de Octavia Spencer y Sally Hawkins (la Vivienne Graham de Godzilla), así como las de Michael Stuhlbarg y Michael Shannon. Con sutileza por cierto, Del Toro -quien actúa como la voz de la criatura-, señala indirectamente muchos de los vicios de la actual era Trump: La intolerancia, el apego al dogma, el servilismo al poder y el miedo a perderlo por no estar violentamente preparados para conservarlo.

Y sin embargo, el filme mantiene todo el tiempo (dos horas dos minutos) el toque mágico de los cuentos de hadas clásicos. Una recomendación final: No es para menores de 12 años de edad.

Friday, March 24, 2017

Alien Covenant: el afiche

Foto: 20th Century Fox
Según se ve por el afiche más reciente, publicado el 23 de marzo pasado, Alien: Covenant es un filme que promete mejorar la calidad de una franquicia que ha tenido sus altibajos, pero que ha sabido mantener el interés del público, así como nutrir a su creciente fan base.

Estoy totalmente de acuerdo con Hoai-Tran Bui, quien escribe en el blog Film, blogging the reel world. La composición es de raigambre renacentista y para sustentar su argumento cita a la pintura, La caída de los ángeles rebeldes, de Frans Floris (1517-1570), y a la escultura, El rapto de Perséfone, de Gian Lorenzo Bernini (1598-1680). Ciertamente, ambas obras pudiesen haber inspirado al o a los ilustradores encargados de realizar el afiche, es cuestión de intertextualidad.

Hay otro aspecto importante: su oscuridad monocromática, iluminada por una fuente única que filtra la luz a través de lo que parecería un aguijero pequeño, desde lo alto de la imágen, de inmediato recuerda a escenas dantescas del infierno tal y como las ilustró Gustave Doré (1832-1883). Abajo, en ese inframundo sufren hombres atrapados y posiblemente devorados por los xenomórfos. Mientras, arriba, a la izquierda, se ve a la reina original de la franquicia en lo que podría ser un easter egg muy interesante: la sugerencia de su próxima reaparición en la serie.

La vocación artística del afiche se refuerza por su límpida diagramación, libre de ruidos textuales. Tal vez por eso no cita al elenco del filme, solo a sus formatos de proyección que, de todos modos, están discretamente presentes. Y vuelvo con Bui, si al arte de un afiche los produtores le han puesto tanta atención, debemos esperar a un filme que esté a la altura del mismo. ¿No les parece? ¡Ah, cómo extraño a H. R. Giger (1940-2014) !

Wednesday, March 22, 2017

Cuatro historias que sugieren la posible existencia del carro salado I Parte

Foto: Vía Universal Music.
En la conseja popular de la mera República de Guatemala existe el mito del carro salado. No es que sea comestible y se le condimente. Primero, estar salado, en lenguaje vernáculo significa ser perseguido por la mala suerte. Y segundo, un auto se sala cuando se tiene sexo dentro de él.

Por tanto, si un vehículo sufre de una serie interminable de averías, provoca gastos recurrentes por reparaciones inservibles -porque sigue dale que dale con los gastos-, o presenta desperfectos inexplicables, la gente dirá que está salado. La solución clásica es venderlo o abandonarlo, pero mejor lo primero, aunque el comprador se quede, no solo con un limón, sino también con la mala sal del vehículo.

Primera Parte I / IIII

A Markus Obrist y Elías Trejo Alejos, porque son los únicos que los reparan.
A Néstor Larrazabal Bobadilla, porque, bueno, ¡mejor dejémosle estar!.

Las siguientes anotaciones son bosquejos de narrativas inspiradas en hechos reales, tres de las cuatro me constan. La restante, contada por un amigo me resulta creíble por las credenciales que el susobicho ha demostrado en su vida. Esta es la primera entrega.

I Auto: Buick Century V8,  modelo 1973
(vivencia personal)

A finales de los años 80 los V8 ya eran temibles resabios de una era que no sabía nada de conservación de la energía, menos de ahorro de combustible. Vetustos dinosaurios, execrable muestra de irrespeto al medio ambiente, que circulaban gracias a otros dinosaurios, aquellos escudados tras el argumento "¡yo puedo pagar esta mierda!", si se les increpaba por su alto consumo de combustible. O por quienes no podían pagarse algo más nuevo, i.e., mi caso.

Mi dama de entonces aullba por un carro y un mi cuate vendía su flamante Buick. "En perfectas condiciones" resultó una ganga por 1,200 pesos. Sí pues. Marchó sobre ruedas unos cuantos meses, hasta que se desalineó el tren delantero. Claro, antes ya había sido necesario enlllantarlo y cambiarle los parabrisas. El primer signo de lo que vendría se hizo evidente cuando me dijeron que era necesario desarmar todo el tren delantero para repararlo. Se hizo y fue devuelto con el timón colocado alrevés. A pesar de las protestas del mecánico, se tuvo que desarmar de nuevo para dejarlo bien.


Foto: Buick.
La alegría no habría de durar más de dos meses. Al volver del trabajo y tomar las rampas para subir de la Roosevelt al Periférico perdía potencia. Las compresiones estaban bajas. Se le cambiaron bujías, contáctos eléctricos, en fin, servicios menor y mayor, pero siguió igual. Como fallaba la bomba de gasolina, que era eléctrica y no la original, se le hizo una pequeña reparación. Pero el fallón seguía igual. Harto y desesperado, acepté el consejo del mecánico y procedí con el ovarhaul: meses y meses en el taller, en tiempos pre-Internet.

Algunas de las refacciones vinieron de Inglaterra pero, recuerdo, los ocho cilindros costaron menos que cuatro para Totoya en ese tiempo. Cuando se concluyó la reparación: ¡Oh flamante auto de nuevo! ¡Con toda su potencia y funcionando a la perfección! Pero, como el motor había recuperado su brío, se jodió la caja automática de tres velocidades. Chingose y ya no cambiaba, había que forzarla a mano. A reparar la caja se dijo (vía Vaccaro). Quedó perfecta. Entonces falló la bomba de gasolina y después el carburador. Se reparó la primera, pero el mecánico estimó innecesario reemplazar el segundo, a pesar de mis protestas: "Se puede arreglar", me dijo. Y lo arregló.

Tras un breve periodo, volvió a descomponerse la bomba y por exceso de fondos el auto se quedó frente a mi casa durante meses. En un momento dado apareció la Muni: Si no lo quitaba se lo llevarían con grúa, así le dijeron a la doméstica, una zacapa de 16 años, muy hermosa. "¿Qué les digo?", me preguntó. "¡Ah! ¡Qué coman mierda!", me dije en voz alta. Obediente, de inmediato salió y les dijo, "¡Dice que coman mierda!". OMG, a tapar el clavo para evitar que se lo llevaran.

Luego, un señor mexicano, alto y obeso, con bastón, me pidió el auto. "Es de tamaño compacto -me dijo-, y me conviene porque es automático, por mi pierna mala me será más fácil de conducir. Te doy Q1,500. Yo lo dejo como nuevo". "Nein", le dije, "¡ya le metí mucho pisto y no lo doy!": Craso error. Craso y carísimo error.

Sucedió entonces que el mecánico se lo llevó. Para arrancarlo utilizó una minibomba de gasolina colocada directamente sobre el carburador, supuestamente reparado. Pero como el motor estaba fuera de tiempo -o eso me dijo don Luis, el mecánico- y la bomba de gasolina funcionó de golpe, hubo fuga de combustible. Y hubo un chispazo y el carro se incendió. Lo apagaron otros mecánicos frente a su taller en la Calle Martí.

La escena era desoladora. El parabrisas estaba rajado en varias partes, voló el capó y el motor y el sistema eléctrico estaban ennegrecidos e irreconocibles. Se fundieron las claveras de las luminarias delanteras, se deformó la parrilla y parte del forro del panel delantero estaba semi derretido. Era el fin. El mecánico ofreció repararlo "poco a poco", menos al cableado del sistema eléctrico.

Llamé a un amigo experto en el tema. "Sí, afirmó, lo puedo recablear, te va a costar una fortuna y no te doy garantía alguna. Entendé que se trata de una especie de prueba y error, hasta que ya no dé problemas. Me tomará entre nueve meses y un año realizarla".

El mecánico me dio Q600 por la chatarra, por pagos, y la unidad fue a parar en manos del gerente de una empresa importadora de maquinaria pesada, quien la quería para sacar repuestos para otro Buick Century V8 del mismo modelo. Antes de comprarlo, con ese mismo dinero podría haber tenido un rubí de estrella (corindón rojo con inclusiones de rutilo). Una piedra hermosa, aunque con mucha seda. Ah, pero fue más importante complacer a la dama, con los decritos y execrables resultados.

Otrosí: Estos hechos sucedieron a finales de los años 80 del siglo pasado. Este año, en marzo, el cuate que me vendió el carro, me dice: "¡Vos! Todavía me debés parte del pago de aquél Century que te vendí, solo me pagaste 800...". Como diríamos en buen chapín, ¡por vía de la gran puta!

Tuesday, March 21, 2017

El punto de inflexión en la vida de Miyamoto Musashi, el samurai invicto


Duelo entre Sasaki Kojiro y Miyamoto Musashi, monumento en Funijama, Japan.
Foto: Roger Ferland, via Flickr, 2007.
Miyamoto Musashi tenía tres horas de retraso. Este era su modo habitual de actuar. En el aire era palpable la tensión imperante en la playa. Sasaki Kojiro caminaba arriba-abajo sobre la arena fina con las manos en la espalda. Su ira se alzaba con el sol, y con cada minuto que pasaba sentía acrecentado el insulto contra su honor. La fecha era el viernes 13 de abril de 1612.

Kojiro era considerado uno de los mejores samuráis de Japón. Fue famoso en todo el reino por su velocidad y precisión, y se hizo aún más notable por su arma preferida. Manejaba una enorme no-dachi, una espada japonesa curvada al estilo clásico, pero con una hoja de más de un metro de longitud. Su tamaño y peso la convirtieron en un arma brutal, nada sutil, pero Kojiro había perfeccionado su uso hasta un grado inaudito en todo Japón.

Como su habilidad se había perfeccionado, había ganado muchos duelos, y para cuando estaba esperando en esa playa, en la isla de
Ganryū-jima, ya se había asegurado una posición cómoda como jefe de armas del daimio del clan de Hosokawa. Su fama había crecido con su habilidad y, finalmente, paró llamando la atención de Miyamoto Musashi.

Musashi era un ronin, un samurái sin amo. Había matado a su primer oponente en combate único a la edad de 13 años y había ganado duelo tras duelo mientras viajaba por Japón y perfeccionaba sus habilidades. En Japón, en aquella época, no era raro desafiar a otros a duelo, ni siquiera a la muerte, por ninguna otra razón que mostrar dominio. Musashi no fue la excepción. Su talento era tan grande que, a la edad de treinta años había envainado sus dos katanas e hizo sus duelos con dos bokken -espadas de práctica de madera-, sin importar cuál arma decidiera utilizar su oponente.

El séquito de Kojiro incluía sirvientes, amigos, estudiantes, cocineros y a un montón de funcionarios que habían venido a presenciar el evento para reportarlo al daimio. Llegaron en barco desde temprano por la mañana y los sirvientes levantaron un dosel en la playa. Se encendió un pequeño fuego, preparando comida y té, para cuando el gran samurái conociera a su oponente. El duelo se concertó a través de un intermediario a petición de Miyamoto y la fecha y hora fueron establecidas por él.

Kojiro había llegado tres horas antes, y cuando el amanecer se rompió lentamente y sus sirvientes se ocuparon de establecer el campamento, se había sentado en profunda meditación, a cierta distancia, preparándose mentalmente para el combate. Se levantó un poco antes de la hora acordada con el retador y tomó un poco de té, conversando cortésmente con los oficiales y bromeando con sus amigos. Su compostura era sublime y su séquito y sus estudiantes no tenían ninguna duda de que iba a dejar muy corto a su rival.

Tres horas más tarde, sin embargo, la mañana se estaba convirtiendo en tarde y Kojiro había perdido la compostura. Se paseaba, gruñía, maldecía y regañaba a sus sirvientes. Estaba claro de que su ira por el comportamiento insultante de su retador estaba llegando a un grado peligroso. En un intento por aplacarlo, uno de los oficiales le sugirió que Musashi no llegaría, que había huido del duelo aterrorizado ante la perspectiva de enfrentar al gran Kojiro. Pero Kojiro no aceptó tal argumento. Conocía la reputación de Musashi. Este comportamiento sólo podría tener la intención de insultarlo.

Duelo entre los dos grandes, datos inciertos. Fuente: Wikipedia.
De hecho, Miyamoto no estaba lejos. Se sentó con las piernas cruzadas en un pequeño bote de pesca que se mecía suavemente sobre la marea, en una mínima ensenada al sur de la playa donde Kojiro se paseaba enfurecido. El suelo de la embarcación estaba lleno de virutas rizadas, porque el maestro de la espada tallaba sin prisas con su cuchillo. Lo acompañaba el dueño del barco, un pescador anciano, arrugado y quemado por el sol, que había sido pagado generosamente para que pusiera sus barco y remo a disposición de Musashi.

El remo de repuesto estaba en el regazo de Musashi, quien con su cuchillo afilado había pasado cuidadosamente la mañana sacándole forma. Era largo y se había hecho graciosamente curvado y perfectamente equilibrado: un bokken salido de la mano de obra más fina. Musashi observaba el sol mientras trabajaba.

Musashi era una persona de apariencia extraña. No llevaba adornos, sólo un sencillo traje y un cinturón para la espada. Sus pies estaban desnudos y sus ojos saltones miraban tan fijamente que era desconcertante. Su pelo estaba atado en un bollo simple y funcional, en la parte superior de su cabeza.
Se le veía una barba de varios días en su rostro pálido y huesudo y su piel estaba cubierta con muchas cicatrices pequeñas y lívidas.

Era evidente, si se le miraba con detenimiento, que no se había bañado durante algún tiempo y que su sencilla túnica mostraba muchas manchas y parches descoloridos. En conjunto, su figura era de mal aspecto, muy diferente de las ostentosas muestras de riqueza y armas favorecidas por muchos samuráis de la época. La única parte de su atuendo que parecía bien cuidada era su katana apareada a su cinturón. La madera oscura y pulida de sus vainas brillaba bajo el sol de la mañana.

Con una palabra tranquila, Musashi le pidió al pescador que los llevara a la playa, donde esperaba Kojiro. El pescador obedeció.

Al principio, Kojiro no reconoció a su oponente. Musashi se sentó bajo y adelante en el pequeño bote, con sus armas escondidas: parecía hundido en sus pensamientos.

¡Es él! -gritó uno de los sirvientes que había corrido hasta la orilla del agua- ¡Musashi llega al duelo!

La sangre se esfumó de la cara de Kojiro, mientras Musashi se levantaba lentamente en el bote. Su insolencia era inaudita. ¡Este no era comportamiento para un samurái! Llegar tan tarde era bastante malo, pero llegar así… Sin afeitar, sucio, con ropa desaliñada y sin séquito, solo con un pescador viejo y con cara de mendigo. Kojiro sintió el insulto contra su honor con más agudeza, así como a la ira que lentamente se había ido acumulando durante toda la mañana. Tembló de rabia y extendió una mano a su porta-espada, quien se apresuró a presentarle su gran no-dachi.

Leyendo la fortuna a Miyamoto Musashi
Impresión por Utagawa Kuniyoshi (1797-1861)
La enorme espada brilló al sol mientras Kojiro cargaba contra su oponente. Enfocó su enojo en un punto fino, que le recorrió brazos y manos hasta concentrarse en la cruel punta de la hoja. En su mente, donde hace un momento reinaba gran ira, ahora solo había silencio. ¿Pero qué era esto? Musashi saltó del oleaje y se precipitó hacia la izquierda, pero no sacó ninguna espada; Su única arma era un bokken de madera, similar en tamaño y alcance a la espada de Kojiro. Kojiro vaciló durante una fracción de segundo.

¿Qué puede significar esto? La arrogancia del hombre que desafiaba al gran Kojiro con una espada de práctica de madera era incomprensible. Se volvió para seguir a Musashi y se le lanzó con un gran barrido de su espada. El insolente se agachó justo a tiempo para evitar el golpe. La no-dachi pasó a sólo unos centímetros por encima de su cabeza: Una pequeña nube de pelo negro flotaba en el aire tranquilo.

Resultó que Musashi estaba agachado. El bokken subía, pero la enorme no-dachi estaba en manos de un maestro y Kojiro no retrocedió. Su espada silbaba sobre su oponente, pero Musashi había desaparecido. Se había movido un paso hacia la derecha y su bokken golpeó. El aliento de Kojiro lo abandonó y el siguiente fue un golpe salvaje.

La espada de madera le dio un impresionante golpe en un lado de la cabeza, y cuando se tambaleó, el arma de su enemigo se estrelló contra su costado  izquierdo con una fuerza increíble. Sintió cómo se le rompían las costillas, seguido por un dolor terrible y agudo en el interior de su pecho. No podía respirar: el mundo se bamboleaba ante sus ojos.

Los oficiales, el personal y los sirvientes observaron con horror cómo Sasaki Kojiro cayó hacia adelante sobre la arena. El combate había terminado en segundos, y el victorioso samurái se inclinaba ahora hacia su adversario derribado y luego hacia ellos. Los observó por un momento, se puso en pie y luego comenzó a retirarse rápidamente hacia el bote. Hubo ruido de golpes de acero y gritos cuando un grupo de amigos de Kojiro, y sus estudiantes, sacaron sus espadas y corrieron hacia Musashi. Pero él ya estaba sobre las olas, en el bote. Se había ido. Su propósito en la isla Ganryu estaba cumplido, pero rodaron lágrimas de sus extraños ojos, mientras el viejo pescador los alejaba de la playa.

Miyamoto Mushashi fue victorioso, pero había destruido a uno de los mejores guerreros del reino, y la inutilidad de esa muerte lo golpeó tan fuerte como su propio golpe letal había acabado a Kojiro. No había ganado nada con su victoria, al contrario, se había perdido todo. Al igual que el bokken de Mushashi, la habilidad de Kojiro había sido tallada lentamente sobre materia prima de su propia vida. Ahora se había ido y su muerte no había servido de nada.

Musashi continuó estudiando y enseñando el arte de la esgrima a lo largo de su vida, pero nunca más mató a un oponente en un duelo.

Por Barney Higgins, publicado en War History Online el 7 de abril de 2016

Traducción: klavaza
Ilustraciones: War History Online

Wednesday, July 23, 2014

Un superhéroe sin poderes: 75 años de Batman

Viñeta de Venom (Legends of The Dark Knight), de Denny O'Neil, reimpresión de 2012. DC Comics vía kotaku.com
A los ocho años de edad empecé una larga travesía que aún no termina: la lectura de chistes, entonces, historietas, después, y ahora cómics. Me decía en una ocasión un amigo: "¡Cómo se lo baboseaban a uno! ¡Me hacían creer que podían volar!". Yo nunca lo creí, siempre supe que Superman y la Wonder Woman, o el Green Lantern y Atom eran ficciones creadas por alguien más. Solo un personaje me hizo dudar: Batman: dotado únicamente por el poder más grande de todos: la inteligencia.

Una inteligencia que nutre a una lógica indefectible, basada en el conocimiento científico y en su más cara hija, la tecnología. Si bien es capaz de fabricar un instrumento tan sofisticado como el batimóvil, también usa un cinco o canica para distraer a sus enemigos, o a un simple bumerán como medio certero para ofender o defenderse. Y lo mejor de todo: tiene un lado oscuro, se trata de un hombre atormentado, casi misógino, hasta el grado de haber sido acusado de gay en la era McCarthy.

De Batman # 84, junio de 1954, Ten Nights of Fear!. Wikipedia.
Me refiero por supuesto al infame libro The Seduction of the Inocent, de 1954, del psiquiatra Fredric Wertham, quien afirmaba que "solo alguien que ignore lo más básico de la psiquiatría y de la psicopatolgía sexual no se daría cuenta de la sutil atmósfera homoerótica que permea las aventuras del maduro Batman y de su jóven amigo Robin". La obra surgió de las entrañas del llamado Temor Lavanda, en una era cuando la inteligencia estadounidense consideró a la homosexualidad como un riesgo contra la seguridad nacional y cuando se satanizó a los cómics en general como incitadores de rebelión. Batman, por ser un personaje con un sustento realista fue uno de los más atacados.

A lo largo de sus 75 años, celebrados hoy, Batman ha sido víctima, victimario, cauteloso amigo (en cierta fase oculta kriptonita como precaución, por si Superman de pronto eloqueciera, por ejemplo) y duro enemigo, es mejor no ponerse en su mira.

Han sido tan efectivos sus perfiles que le han merecido estudios de académicos calificados, como el psiquiatra español Jesús Ramos, quien le dedicó un libro a sus estados mentales y quien llega a concluir que "probablemente sufre lo que se ha llamado una adicción al trauma, algo que se ha estudiado en los veteranos de Vietnam. Son sujetos que se acostumbran a vivir al borde de situaciones muy angustiosas y buscan otras semejantes. Batman está permanentemente buscando situaciones límite que le procuren el chute de endorfinas".
Viñeta de Venom (Legends of The Dark Knight), de Denny O'Neil, reimpresión de 2012. DC Comics.
Obsesivo, benevolente, violento, lógico y maligno -mantiene una colección de villanos vivos en un psiquiátrico espantoso: Arkham- han sido pocos, cierto, los autores que han sabido tomar la verdadera tradición que dejara Bob Kane para irla redondeando hasta convertirla en una de las más efectivas de la mitología pop actual.

Creo que su ejemplo ha servido para que a lo largo de las décadas otros personajes de esos vastos universos mitológico-ficticios, creados por los escritores y dibujantes de cómics, se hayan ido atreviendo a expresar también sus lados oscuros; y para que ficción y realidad se unan en una zona intermedia como la que surge en una intersección de conjuntos. Y es esa zona intermedia la que funge como un espejo que refleja metáforas de la realidad cotidiana, representaciones exageradas, críticas desesperadas, fabulosas o brutalmente realistas de la ciencia, la política o de nuestras vanas o justificadas aspiraciones.

En mis primeros años de adolescencia Batman era tan cotidiano para mi como para ponerle apodos y así se llamó uno de mis gatos. No me hubiese extrañado encontrarlo a la vuelta de la esquina, o en uno de mis sueños -algo que nunca ha sucedido-, en cambio, lo encuentro a cada rato en los cómics, en producciones cinematográficas, en la Tv, en narrativas puras, en chistes de salón o callejeros y lo mejor, como muleta en conversaciones comunes.

Ahí está, como ejemplo del efecto que ha tenido el monomito de Joseph Campbell en la creación del héroe contemporáneo. Post hoc, ergo propter hoc: pero Kane no sabía nada de Campbell, así que llego a la conclusión de que se trata de un hecho auténtico, de un encuentro feliz del arte, la fantasía y la psicología con algunos aspectos de la atormentada conciencia de Occidente. Y por eso ha sido tan longevo. Y por eso me gusta.

Monday, July 07, 2014

Lenin Barrera: Artista de la Calle

Fotos: klavaza, 2014.
¿Desde cuándo empezaste a pintar?
Tomé los pinceles desde los nueve años y a dibujar desde los siete.

¿Estudiaste en alguna escuela formal?
No, solo puro empirismo, práctica...

¿Qué edad tenés?
22.

¿Por qué pintás motivos religiosos?
Me gusta el arte sacro. Siento que la pintura se presta para la Divinidad. Cuando uno pinta algo que no sea, por así decirlo, divino, resulta en una pintura algo aburrida. Una naturaleza muerta o un paisaje, no es lo mismo que una Madonna, por ejemplo, un San Juan o un San Jorge.

¿Sos católico?
Sí, soy católico.

¿Entonce por qué estás tatuado?
Yo interpreto de una manera un poco diferente la cuestión de los tatuajes. De hecho, en el catolicismo, se dice que si uno está tatuado se forma para la Batalla Final del Apocalipsis: La batalla de los ángeles contra los demonios, ya sea que uno se vaya a ir para arriba o para abajo, si uno está tatuado va a pelear en esa batalla.
 
¿De dónde sacaste eso vos?
Pues yo lo leí en una onda que se llama los Evangelios Apócrifos. Son unos evangelios que en el Concilio de Nicea el Emperador Constantino los sacó de la Biblia, porque no le parecerieron convenientes. La Biblia tuvo más libros de los que tiene actualmente.

¿Vendés tus pinturas?
Sí, están a la venta.
¿Cuánto cobrás por cada una?
Por una grande unos GTQ 1,600 a 1,800. Por esta (el conjunto en blanco y negro) unos GTQ 2,500 y por los chiquitos unos GTQ 150 y 250.

¿Y cómo te va con la venta?
Pues aquí en la Sexta casi no se vende, es más que todo para que la mara los mire.Más que todo le vendo a licenciados de la Usac o de la Landívar, a un par de doctores que yo conozco y a miembros de mi familia.
 
¿Has expuesto?
Cuatro veces: dos en los Café León, una en Mayatec, otra hace dos años y en varias colectivas, una en la Enap. Y en Correos, solamente.

Sunday, June 15, 2014

Hans Rudolph -Ruedi- Giger (1940 - 2014)

 
¿Cuándo supe de Giger? No sé. No a ciencia cierta. Pero sí que las páginas de una revista Omni me hicieron consciente de su arte singular, demasiado bien ejecutada, onírica hasta la pesadilla, metafórica, erótica y futurista, pero sobre todo, que tocaba una cuerda muy profunda en mi.
 
Ya la había visto en Alien, por supuesto, y después se habría de convertir en lugar común en mi vida. Luego pasó a formar parte de mi entorno, cuando una fotocopia a color de Li reproducida con una errónea paleta de verdes quedó colgada, y aún lo hace, en un muro de mi dormitorio.

Eran rudos tiempos, campeaba el snail mail y Giger vivía en Suiza. Lucía inalcanzable. Pero llegaron la Red y el correo electrónico y apareció su página web. Una noche, tras escuchar a Bach, decidí escribirle. Lo hice por medio de su Web Agent, entonces Thomas Riehn, con la excusa de solicitarle permiso para reproducir imágenes de su trabajo, porque estaba por publicar una nota sobre él en la Revista Crónica.

Un par de días después respondió el hombre. Que sí, que con todo gusto, siempre y cuando le enviara unos dos ejemplares si se publicaba la nota, y así lo hice. Según yo, ahi había quedado el asunto. Unos meses después, por snail mail precisamente, me llegó un sobre con una nota de Riehn, dando las gracias, acompañada con un hard attachment: una litografía firmada por Giger. Es uno de mis tesoros favoritos.

Omni caía en mis manos con regularidad. Su contenido de vocación New Age estaba infestado de futurología, ocultismo no tradicional, medicina alternativa, antipsiquiatría, enteogenia, ciencia ficción, en fin, era la vestimenta gráfica y textual para un mundo fantástico urgido por certificarse como real. No importaban sus criptoafirmaciones: mi entonces novia, LILITh y yo la devorábamos sin misericordia, incluso a las notas de Deepak Chopra, que ahora y después de conocerlo más de cerca me suenan tan falsarias como todo el New Age.

Cuando vi un retrato del hermano Perdurabo (Crowley) realizado por Giger, ambas propuestas convirgieron en mi cosmovisión. Más tarde, su Necronomicón y su Tarot permearon mi imaginario durante un buen tiempo.

En el arte de Giger convergían además otras de mis vocaciones, desde la irreverencia religiosa a la tecnología, desde los insectos a la completación de la evolución humana por medios artificiales. Sus advertencias contra la sobrepoblación, su descaro para relatar los horrores que le tocó vivir a causa de una máscara que tenía en su residencia, así como sus devaneos con el ocultismo me dejaron impresionado desde el principio. Amén de su gusto por trenes brujos y la cinematografía.

Desprecié su confesa violencia contra los animales, la cual no ilustraré poque es evidente en algunos de sus textos -pero se redime porque tenía gatos. Me hubiese gustado conocerlo en persona. En algún momento pensé tatuarme su rostro con henna, porque él habia prometido recibir personalmente a cualquiera que así lo hubiese hecho (solo que con tinta permanente). Seguía con detenimiento su trabajo, sus querellas contra la Fox, la fundación de su museo y por supuesto a sus publicaciones. Las deTaschen sobre todo.

Lamento no haber probado su ajenjo todavía, pero celebro su incursión en la escultura. No se cómo reaccionaría si viera a unas de creaciones en vivo, sin embargo, si en 2D sus imágenes son impresionantes, en 3D se convierten en sobrecogedoras.

Me encantaba ver sus trabajos con detenimiento, lupa en mano, durante madrugadas insomnes acompañadas por compositores barrocos, metaleros o de música eléctronica académica. Borges, en alguno de sus textos, intentó explorar cuál sería aquella obra que uno quisiera olvidar, solo para sentir de nuevo el gozo que produciría redescubrirla: una especie de criptoamnesia hedonista. Recuerdo el deleite que me provocaron sus intensas panorámicas surrealistas, sus enigmáticos biomecanoides, la obsesiva minuciosidad y maestría de su aerógrafo, así como su inconfundile paleta de colores. Por fortuna no necesito olvidar todo eso para sentir siempre aquel asombro primigenio.

El arte de H. R. Giger transgrede muchos linderos. Alien la integró a la mitología pop (como lo demuestra un crossover entre Batman y el xenomóformo). Sus magníficas portadas de álbumes musicales y de libros y diseño de espacios con amueblados lo confirman como a un verdadero ilustrador e interiorista. Sin embargo, debajo de esta clámide mediático-comercial, siempre estuvo intacto el manto friático profundo en donde abrevó desde sus orígenes para crear. Algo que hizo sin parar hasta el final.

En su Guest Book, el domingo 3 de agosto de 1997 a las 12:36:58 horas, consigné:

"The first time I saw Alien (the film) I felt that a second door to a new way of looking at the universe was opened (the first one I discovered through the works of A. Crowley). But I did not realize then what was so enticing in that film. It was later when I saw who is the creator of such dark, fantastic and yet illuminating work, and that he is, from my own point of view, the greatest living artist of our time. The ultimate point for me is that through his vision I found a deep, mirror reflection of my anguishes and nightmares. Thus, without intending it, a kind of symbolic, Jungian therapy took place. And, thanks to it, I found -no exxageration- salvation and hope."


Nunca creí que iba a despedirlo, pero ahora que lo hice entiendo que se convirtió en uno de mis inmortales y que su obra, por oscura que sea, ilumina mi vida.

Tuesday, June 25, 2013

Mi propia She

La Glotonería, según una ilustración para El Infierno de Dante, Electronic Arts, 2011.

Nunca supe su verdadero nombre. Ni su identidad. Decía ser puertorriqueña, pero la evidencia -giros idiomáticos, afirmaba haber conocido a Bosch, o cierta aversión contra la cultura haitiana, sobre todo al  vudú- apuntaban a una dominicana. Tal vez era cuarentona, pero aparentaba mucho menos porque era una auténtica chica ochentera. No recuerdo cómo la conocí, dónde, ni por quién. Era bella, seductora y dueña de su propia vida.

Dominante en el sentido maslowiano, con ella venía siempre un Igor faldero, repugnante por su abyecta sumisión. No estaba seguro de si sostenían intimidad, hasta cuando ella me pidió cierta ayuda, con fingida pena. No tenía más de unas cuantas semanas de frecuentarla y a pesar de eso me pareció lógica su petición.

"Hemos conversado poco, pero suficiente, se nota que eres liberal, inteligente y un perfecto sinvergüenza. Necesito un chofer y quiero que seas tú el elegido. Tendrás que manejar mientras este chico y yo hacemos el amor en la banqueta trasera del auto. Deberás vestir kepi, guantes y saco largo". Me aconsejó que lo pensara, total, faltaba todavía una semana para su aniversario de pareja y así lo planeaba celebrar.

Pero, antes del lapso establecido me llamó para decirme que siempre gracias, que sentía pena pero que el hombre había rajado por temor a la situación política del país; en fin, era razonable, estabamos en plena era de los macetones.

Todo siguió como si nada. Con excepción de que nos acercamos aún más. La conocí mejor, las visitas a su apartamento se hicieron habituales. Durante las mismas tanto el Igor como su mucama desaparecían de la vista. Mientras por encima aparentabamos una relación nerdoide, las verdaderas corrientes que nos motivaban se manifestaban por medio del cine y la literatura.

Notorias fueron las pláticas después de ver, de Passolini -tal vez Las Mil y Una Noches-, de Buñuel (Cet obscur objet du désir, para más señas, lo cual nos motivó a leer la novela de Pierre Louÿs, La Femme et Le Pantin, La Mujer y el Pelele); pero más sobre la antipsiquiatría de I Never Promised You a Rose Garden o de la destructividad de un amor obsesivo y esquizoide como lo pinta François Truffaut en L'Histoire d'Adèle H. Casi nos rajamos la cara por esa.

No había intimidad en el sentido físico pero a esas alturas nuestros encuentros públicos o privados generaban tales presiones que, de haber habido helio entre los dos, se hubiese convertido en metálico. A veces se cortaba el aire con navaja, por la densidad que dejabámos en los ambientes. Mientras yo intentaba analizarla siguiendo a Linda Goodman, ella me acusaba de ser un sacerdote encubierto, una especie de jusuita de salón decimonónico al acecho de herejías o cismas contra el orden establecido. Al final resultaba todo en un tour de force insoportable. Algunas personas que se reunían con nosotros salían huyendo de nuestro lado espantadas porque no entendían nada. Yo tampoco entendía nada, se trataba de un amor caótico, asexual, enfermo. Pero no fue el peor. Otro par me acecharía más adelante.

Las reuniones en su apartamento eran alucianantes: siempre llegaba gente nueva, desconocida, malhablada y de dudosa categoría. A juzgar por las cosas vistas y oídas a nadie la faltaba la plata. Nunca fueron de cinco invitados, casi siempre hombres de vez en cuando acompañados por chicas muy llamativas y a duras penas vestidas. La mucama, siempre presente, era una morena de ojos grandes, que de no ser por el uniforme bien hubiese pasado por estudiante de la Marro o la URL. Era la segunda después de la patrona, es decir, el Igor le debía obediencia. Conforme fueron pasando las semanas el tipejo me empezó a parecer digno de lástima. Jamás platiqué con él, ni salió con nosotros. En la reuniones se quedaba un rato, nada más, y luego desaparecía sin que su fantasmal prescencia dejara rastro alguno en ella (nunca hablaba de él).

Todo en aquél enigma era hacia afuera. Nunca revelaba nada de sí misma, de su pasado, planes a futuro o de sus gustos personales y cuando quería era capaz de sostener durante horas una poker face impenetrable. Me estaba enloqueciendo. Solo, por pequeñas fisuras en el bien armado muro que la rodeaba, pude atisbar que una de sus grandes pasiones era el ocultismo, con la magia ceremonial como eje central de toda su existencia. Pero no seguía a ningún sistema conocido, más bien creo ahora, había creado su propio ideosistema ecléctico. A veces, para aminorar un tanto su indetenible afición a las apariencias, y fingir que abría su corazón, platicaba de cosas que le gustaban y lo hacía con soltura y autoridad sobre joyas y piedras preciosas, moda de verdaderos altos coturnos (como si nada citaba un par de encuentros "personales" que había tenido con Hubert de Givenchy en París, apenas unos años atrás). Otros de sus temas favoritos, que a veces se repetían hasta la saciedad -he de reconocer-, eran la gastronomía extrema -me hubiese gustado ver con ella La Grande Bouffe- y el sexo.

Este último le venía como anillo al dedo para escandalizar a mucha gente. Aparte del cine y la literatura compartíamos una nostalgia mórbida por eras pasadas. A los dos nos hipnotizaba Janet Taylor Caldwell con su Romance of Atlantis. Sin el menor miramiento lógico o racional, ella afirmaba que algún día volvería al siglo XVIII, y yo que lo haría a las arenas del circo romano. Ambos compartimos la doctrina de la reencarnación, rendimos culto a los gatos siguiendo textos del antiguo Egipto, abominamos el New Age y buscamos afanosamente las fuentes más antiguas de la magia caldea y asirio-babilonia. Nada de eso fuera evidente, todo se daba como un movimiento contracultural sordo, una especie de ping-pong que jugábamos sin raquetas, pelota o mesa tan siquiera.

"Agua que no corre cría moscos". Así sucedió. O peor, "agua que no has de beber, por lo menos ensuciala". Nos empezamos a contaminar el uno con la ponzoña del otro. Nuestros últimos encuentros me recordaban a la danza de dos escorpiones fuertemente asidos, explorándose lentamente para encontrar el punto débil y por ahí inocular veneno. Cuando por fin decidí generar una interrupción en aquel aparente continuo fallido, pasó algo que habría de marcarme por siempre y con más intensidad que sus amenazantes intenciones de tatuarme con su sello personal, ¡ah! porque tenía ex libris, o peor, de usar un hierro candente al estilo de en L'histoire d'o (otro de sus libros y filmes favoritos junto con Yo fui una de ellas, de la Condesa Calvany).

Me llamó una noche para invitarme a cenar, pero tenía que ser en ese momento, "porque tal vez no habría otra a futuro". Su voz no revelaba ansiedad, pero sentí apremio y corrí a encontrarme con ella. Serían ya casi las 22:00 horas de un jueves cualquiera.

La puerta pareció abrirse sola, detrás no estaba como siempre la mucama. Entré buscandola viendo hacia delante. "Hola" me dijo. Voltee. Ahí estaba, sin nada más que un microdelantal puesto. "¿Te preparo la cena?"... Antecedente, principio o primera provocación, según mi pobre entender, preludio de un largo extasis, abandono a los más refinados placeres sensoriales.

En vez, desatamos nuestro infierno sobre la Tierra. Si las erinas nos sobrevolaron antes, ahora teníamos a las furias como fieles consejeras y entrañables esperanzas. Empezó la guerra y estaba solo contra ella. No los necesitaba, pero entonces sus viles peones, Igor y mucama, se convirtieron en cerbero y cerbera en contra mía. Un vago sentimiento surgió entonces de las regiones reptilescas de mi cerebro, excitando fondos bajos que nunca antes había conocido. Por fin tiré la toalla y desaparecí de su vista, esperando que fuera para siempre.

No recibí ni una llamada. Apenas nos encontrábamos en alguna parte fingíamos no habernos visto. Y como no teníamos ya amigos comunes, nadie sabía nada de nadie. Fueron seis largos meses. Un día me armé de coraje y fui a buscarla. Solo quería verla, convencerme de que por mucho que la hubiese idealizado se trataba, al final, de un perfecto engendro.

"Si buscás a la Señora hay malas noticias porque se fue desde hace dos meses", dijo el portero-guardián y pseudoadministrador del edifico donde vivía, y lo hizo con evidente satisfacción. "La buscamos porque dejó pagados un par de meses adelantados antes de irse". Salí. La puerta del lugar me pareció más pequeña, la tarde dejaba caer una luz amarillenta, mortecina y el aire parecía gelatinoso y nauseabundo.

No supe más de ella. El sueño que alguna vez pensé irrealizable, separarme, se convertiría en una pesadilla perenne, omnipresente, en mi único y posible modo de vida. Nunca se dejó fotografiar, jamás escribió una carta y como sentía profunda aversión contra la tecnología no sé si existe en los espacios virtuales. Estuvo bajo mi piel durante años hasta que uno de esos otros bichos que me acechaban me sirvió para purgarla, y para que ocupara, pero más brevemente, su lugar.

Monday, December 24, 2012

Secta (Melissa 0)

El frío de la tarde se acentuaba dentro de los viejos muros del cuartel construido sin adornos ni comodidades, mal pintado, peor mantenido y equipado con los desechos que otrora fueran tecnología de punta en los despachos de los generales. Aquella desagradable entraña devoraba a quienes iban a dar allí por mediocres, criminales o lunáticos. No tenía pasado ni futuro, oficialmente nadie reconocía su existencia. Nada la identificaba, en jerga era la GRP4 o GR para ahorrar tiempo.

Sobre el escritorio del oficial cayó una carpeta voluminosa.

-¿Esto es todo?

-No Señor, faltan otras, la investigación ha tomado más de un año.

-Más de un año... Más de un año, sí, pero sin resultados. Ni mierda, sólo especulaciones y delirios.

-Sí Señor, porque el único capturado tardó en hablar y encima al medicastro se le fue la mano y el tipo se nos murió. Lo que lee ahí se ha reconstruido con lo que logramos sacarle y con informaciones de campo. Pero ya no importa, pronto seremos clausurados y todas las investigaciones irán al olvido.

 -Nadie le dijo que pensara hijo de la gran puta. Sólo trabaje. Lárguese.

-¿A qué cacas horas me metí en este pantanal sin pies ni cabeza, qué podría tener de malo que unos locos orinen tumbas? No entiendo por qué los del EM insisten, pero tengo que redactar el informe. Ya después iré a coger con las putas aunque no haya ni una buena. Puta, casi ocho semestres de literatura y a dónde vine a dar.

Durante la noche sólo se escuchaban reclamos de aves y canto de grillos. Estaban prohibidos radios, televisores y móviles. El hombre, medio uniformado, tomó la carpeta y se metió en la lectura:

Versión del Informe GRP4-920001 
(Tiempo actual)

La captura de [aquí hay una tachadura] sucedió a las 0400 horas sin que opusiera resistencia. Formaba parte de una banda que se presenta, según testimonio de los guardianes del cementerio, cada último viernes de cada mes para orinar en grupo sobre la tumba, o su lápida, de un coronel o general. Se dice que lo hicieron durante seis años y que pretendían seguir uno más.

De acuerdo con el guardián, [aquí hay una tachadura], quien ha sido nuestro informante desde que se abrió el caso, empiezan después de las 2,400 horas. Los integrantes de este grupo, hombres y mujeres, se hacen llamar La Secta. Están entre los 15 y los 24 años de edad, dirigidos por un tal El Profesor quien nunca se ha presentado a los ritos. Suponemos que lo siguen sin dudar.

Según el informante, así como por declaraciones escuchadas por dicho guardián, la posible inspiración de esta gente es una línea de Otto René Castillo, un guerrillero de la década de los 60, popular entre las izquierdas trasnochadas: "A los coroneles que orinan tus muros / tenemos que arrancarlos de raíces, / colgarlos de un árbol de rocío agudo, / violento de cóleras de pueblo".

Por lo que se ha podido colegir de las escasas declaraciones de [aquí hay una tachadura] y la información recabada por el GR y otros informantes, al Profesor le parece que a la Historia no se le hizo justicia y orinar sobre las tumbas es una forma de resarcirla. Primero porque estos sectarios creen en la vida después de la muerte. Segundo, porque piensan que sus deposiciones llegarán hasta el Infierno para caer sobre las cabezas de los oficiales. Y tercero, porque se trata de mesiánicos que se sienten llamados a cobrar esa factura.

Aparte, otra evidencia son unas notas que estaban escondidas entre las hendijas de un mausoleo. Su pésima caligrafía, mala ortografía, falta de ritmo en el espaciado y en el tamaño de la letra delatan prisa. Los analistas las llamaron el Diario de Nina por una de las enterradas allì.

Versión del Diario de Nina
(Único fragmento legible y coherente)

Hoy fuimos al cementerio a las tres de la mañana. El frío congelaba hasta los huesos y la oscuridad sobrecogía. Nadie hablaba y por los pasamontañas y la oscuridad era difícil ver. Por el castañeo de dientes sabíamos por dónde estaban los otros. El Profesor no asistió pero explicó que ya todos sabíamos de qué se trata el secreto y por qué tenemos el deber trascendental de cumplir.

Me costó prepararme. Bebimos mucho, tomamos café y nos aguantamos hasta casi reventar. Debíamos llegar listos para maldecir a quienes desecraron esta tierra, escupieron al cielo y odiaron a los inocentes por su ansia de hartarse de poder y dinero para explotar a los demás. Podrá consolarnos saber que están en el Infierno, pero admitimos que no están allí comiendo mierda precisamente. Pero el Profesor averiguó y supo que estas mierdas sufren si desde acá las maldecimos. Y es seguro que la orina es nuestra mejor mensajera.

Llegó la hora. Uno por uno pasamos a dejar sobre las tumbas nuestros peores pensamientos. El insomnio y la pestilencia de los meados eran insoportables. Después habrá una orgía para celebrar este triunfo, porque aquellos pobres que mencioné se van a desesperar. Ahora bien, tendremos que repetirlo siete años consecutivos o no habrá servido de nada el actual trabajito”.

Después fuimos a la casa de Luis para celebrar como nunca. Mientras alguien nos leía un texto en voz alta con Gregoriano de fondo disfrutamos la orgía hasta el desmayo, hasta hundirnos en una negrura pegajosa. El sexo así sublima la conciencia [falta el resto del párrafo].

Desperté cuando anochecía, pero no reaccionaba, así que solo seguí durmiendo. Pronto me levantaron porque era hora de irse. Serían las once de la noche cuando Luis me dejó frente a mi casa. Introduje la llave pero no abrí la puerta porque preferí perseguir alguna aventura nocturna. Me apresuré sobre la acera hasta dar con un pequeño antro rockero. Un letrero escrito a mano anunciaba alimentos preparados y cervezas. Ordené una soda light y un emparedado de carne con frijol.

El caso según un hallazgo
(10 años después)

Cuando las secretarias de una universidad privada purgaban sus archivos encontraron un casete. Los estudiantes de Ciencias de la Comunicación no tardaron en escucharlo. No almacenaba música, programas de la radio de la U o discursos de la rectoría. Aquellos patojos se divertían con la cascada voz de un anciano, quien parecía confesarse.

Me siento triste porque sé de sobra cuánto engañé a quienes creyeron en mí. Lo hice para que algunas víctimas de la violencia y de la guerra encontraran una forma de exorcizar los horrores que llevan dentro. Aunque es imposible volver a los muertos para que paguen por lo que hicieron, sí es válido denigrar su memoria para que los vivos encuentren al menos alivio y vomiten ese veneno que les dejaron dentro.

Por eso induje los rituales, espero sepan perdonarme. Más, intenté investigar por medio de un experimento de psicología aplicada para que sus conciencias tengan una paz que nadie puede darles. Espero que la hayan encontrado. Pero yo no, mi conciencia me carcomerá mientras ustedes sigan creyendo que aquellas bestias realmente pagaron lo que debían”.

Memo enviado cuando se clausuró el GR
(Único fragmento)

“…destruya el material según las normas. Incluya la carta que el Pastor Solares envió para responder a la consulta que se le hiciera acerca de las actividades de La Secta, en la cual expresó que ese grupo era abominación y que debía ser detenido de inmediato antes de que la ira divina cayera sobre todos nosotros. No olvide incluir el recibo por los US$15 mil que cobró y que se contabilizaron como servicios externos. También destruya a este mismo memo”.
Copyrighted material, GRP, 2007.

Imagen: H. Stod.

Monday, August 20, 2012

Avengers



Temí que Joss Whedon -creador de Buffy, the Vampire Slayer-, lo confieso, no fuera capaz de manejar una convergencia de personajes complejos, de épicas dimensiones y grosera pero justificada violencia. Pero apenas cinco minutos después del inicio mis dudas se desvanecían para dejarme ver una de las mejores adaptaciones de esta saga de Marvel al cine, y he visto muchas, creadas por Hollywood, por Bollywood, por el WuXia hogkonés y por creadores independientes de muchos otros títulos y editoriales de cómics.

Fieles a las historietas, los personajes, como ellos mismo dicen, no son en realidad un equipo, sino una amalgama de egos, intereses y expectativas diferentes. Unirlos y darles un sentido es como dice el dicho en inglés "herding cats". Claro, estamos frente a un especial caso, hay que salvar al mundo y por eso, y a pesar de eso, funcionan. El desarrolo de cada uno, pero en especial el de Hulk, me encantó, así como la historia, mucho más profunda de lo que esperaba. Sin embargo, por más que me divierta la película, quiero adivinar una agenda oculta tras sus desenfrenadas trama, acción y más bien elementales incursiones en la psicología de sus protagonistas.

Si vis pacem para bellum, ese statement que resuena desde la antigua Roma hasta nuestros días me parece que subraya a tinta roja e ilumina en amarillo el fondo de una propuesta que a pesar de todo resulta guerrerista hasta el tuétano de los huesos. Es decir, aunque contemos con los mejores soldados, si no tenemos el armamento adecuado, ni cómo hacerlo llegar hasta al blanco, simplemente perderemos la batalla.

A la larga no es de extrañar, puesto que la cuna de Marvel está en una de las culturas más belicosas de la Tierra, con tantas colas como para necesitar, Noam Chomski dixit, hasta inventarse enemigos para justificar su cuantiosa inversión militar. Como sea, de todos modos disfruté mucho esta propuesta que desintegra algunos de mis peores temores causados por la venta de Marvel a Disney.

Sunday, August 19, 2012

Prometheus


"Es de notar que en aquél tiempo, había gigantes sobre la tierra: porque después que los hijos de Dios se juntaron con las hijas de los hombres, y ellas concibieron, salieron á luz estos valientes del tiempo antiguo jayanes de nombradía".

Génesis 6, 4, según traducción del doctor Félix Torres Amat, Madrid, 1832.

Más que expresar cuánto me gustó Prometheus, dirigida por Riddley Scott -decisión más que acertada de Fox porque nadie lo hubiese hecho mejor-, debería centrarme en el corazón de su narrativa: la búsquede de una razón que nos explique de dónde venimos, e incluso transpolando más allá de los límites del filme, hacer eco de una pregunta masónica, "¿por qué existe algo en vez de nada?".

Inspirado en las ideas de Erich von Däniken, quien a su vez las tomó de las obras de H. P. Lovecraft y de Robert Charroux, así como de ese libro casi olvidado pero fundamental, El Retorno de los Brujos; Scott, como él mismo dijo, trata sobre dioses e ingenieros, pero también sobre ambciones e intrigas corporativas, sobre una robótica nada relacionada con las leyes abocetadas por Isaac Asimov, en fin, sobre la eterna búsqueda de la verdad. Todos estos elementos aparentemente disímiles forman parte de un conjunto que antecede, sin involucrarse por completo sino fundamentado una propuesta propia, al Alien de 1979.

Con el apoyo de verdaderos maestros, como H. R. Giger -creador del xenomorfo estrella-, cuya retroingeniería es impresionante, Prometheus despliega una bellìsima narrativa visual en un entorno 3D magnífico porque no exagera la profundidad y sigue la estética oscura y orgánica del creador suizo. Los personajes y las actuaciones, en especial las de Noomi Rapace (La Chica del Dragón Tatuado en la trilogía sueca) y Charlize Theron son excelentes. Por igual, la trama se desarrolla de manera impecable, con muy buenos acentos de acción y terror.

En Contact, Jodie Foster le inquiere a un alienígena por los creadores de los agujeros de gusano que le habían permitido acercarse hasta él: "Ya estaban cuando llegamos nosotros", le responde. Esta propuesta que es muy de Carl Sagan es fuerte en Prometheus: no sabemos si algunas de las dudas más fundamentales que tenemos encontrarán respuesta algún dìa.

Por eso, debajo de su elaborada ficción, en Prometheus hay una incursión filosófica no teleológica. Tal vez se puedan colegir respuestas a nivel especulativo pero más invita a repreguntar, pero solo para llegar a un planteamiento circular (como cuando al padre Lemaître le pidieron que explicara el origen de su átomo primaeval. Dijo que surgió de otro átomo primaeval).

Stephen Hawking ha calculado que como especie no duraremos más de un milenio sobre la Tierra y que por eso debemos colonizar otros planetas. También advierte contra los intentos para contactar culturas alienígenas, cuyas intenciones nos son desconocidas por completo. Y en esto el filme llega a un final que exige una segunda parte, sobre todo porque, como Lovecraft, no cree ni en la redención, ni en la esperanza (similar a Gen. 6:5-7 o a una de las narrativas del Pop Wuj y de otros textos sagrados de la humanidad).

En suma, Scott nos deja un excelente filme de Ciencia Ficción, de extraordinaria narrativa, buenas actuaciones, efectos impresionantes pero no invasivos, cuyo impacto estará a la altura del nivel de cada uno de sus espectadores.

Saturday, August 18, 2012

La Persistencia de la Ingravidez

Fotos: Por cortesía de la klavaza, 2012.
Doniel Espinoza (Honduras, 1970 ) presenta en esta muestra, que está en la Galería Rozas Botrán (16 Calle 4-66, Zona 14, en Guatemala City), acrílico, acuarela, dibujo y escultura, multiformato. Son 75 obras (63 según contó otra fuente oficial de la Galería). Este artista ha sido capaz de crear un ecosistema plástico propio, de características muy personales y por tanto fácil de identificar. Realismo mágico, sí, pero también un toque surrealista muy latinoamericano son los muros que engloban su propuesta como un todo.

Dado el tamaño del corredor es comprensible la cantidad. Me impresionaron las acuarelas en las que se aprecia una obra ya más madura, que destaca una técnica muy perfeccionada para la aplicación de los cromos, sólidos, sin mácula, delimitados por líneas muy bien trazadas, que plasman la que sin duda es la cosmovisión del artista.


Movimiento, figuraciones interesantes y conceptos solo sugeridos completan la parte gráfica que a pesar de su diversidad no abruma. Me gustaron mucho los zoomorfos de este hombre, en especial un toro azul.


Las ilustraciones de esta nota son todas fragmentos de la obras en exhibición. En cuanto a las otras técnicas, de excelente factura he de reconocer, no me impresionaron tanto como sus acuarelas y esta es una valoración eminentemente subjetiva, imposible de justificar con calificación técnica.


Curar una colección de tantas piezas debe ser difícil. De hecho, uno de los invitados el día de la inauguración el jueves 16 de agosto, pensó que se trataba de una colectiva, aunque en parte su error se debió también a que sí hay una, concurrente con la de Espinoza, pero en otras alas de la Galería.


El mercado del arte es complejo, impredecible y voluble. Los precios tendían al extremo alto del espectro, sin embargo, considero que se va a vender buena parte por la calidad del trabajo en general. En fin, como sucede siempre, lo mejor es visitar la exposición para apreciarla en vivo. No hay fotos ni descrpciones verbales capaces de hacerle justicia. Felcitaciones a Doniel por tan buena propuesta, la cual confirma la continuidad de su presencia en la Plástica nacional. La Persistencia de la Ingravidez permanecerá abierta hasta el miércoles 12 de septiembre próximo.