Saturday, March 28, 2009

El veterinastro

"Te lo diré en otra vida, cuando los dos seamos gatos".
Sofía (Penelope Cruz), en Vanilla Sky.

"El gato: el estado perfecto".
Claudia Navas Dangel, en Ordinaria Locura.

Luego de una discusión bizantina sobre si operar o no a mis gatas, castrarlas pues, con un personero de
AMA, de tintes fundamentalistas, me quedé con el tema en la cabeza. Muy en contra de mi buena voluntad, y del consejo de la soprano española Pilar Jurado, tendré que hacerlo, por razones que van más allá de mi propia comprensión.

En una reunión conocí ayer a una chica, amante de los gatos como yo. Su historia o testimonio es sobrecogedora. Llevó a su angora a castrar a una clínica que ella estimó como de buena reputación. Cuando la paciente volvió a casa estaba asquerosa y hedía a caca. De vuelta a la clínica para exigir una explicación. Le dijo el veterinastro que la gata se había revolcado en mierda, es decir, que su clínica es un chiquero. Por supuesto, se le infectaron los puntos y no sé bien por qué razón debió operarla de nuevo. Claro, volvió a cobrar. La gata regresó enloquecida, se sentía amenazada y no pudo recobrar la confianza en la gente. Finalmente huyó para no volver. No creo que se llegue a saber qué le hicieron al animalito en semejante tugurio profesional.

A los gatos la cultura chapina los considera demoniacos. Creencia, por demás está decirlo, de profunda raigambre cristiana. La Iglesia medieval los persiguió hasta casi exterminarlos. En una encuesta de Vox Latina, comisionada por Prensa Libre y publicada el 31122008 (artículo escrito por Cristina Bonillo), el chapín promedio dice preferir al perro como mascota (80.1% en áreas urbanas, 53.1% en rurales).

"Ratas, insectos, serpientes y, curiosamente, los gatos son los animales que menos gustan a los guatemaltecos. El 27.4 por ciento de los encuestados aseguró odiar a las ratas; el 19.7 rechazó a los gatos, y el 13.1 por ciento, a las serpientes. Los gatos son mucho más odiados en las ciudades, con el 21.2 por ciento, que aseguró detestarlos, frente al 14.6 por ciento en comunidades rurales".

Según parece, la gente no se ha dado cuenta de que el gato extermina a las ratas. Ante tal absurdo, no queda más que replicar al abogado Perry Mason: "no más preguntas su Señoría". Esa encuesta es importante, revela, por ejemplo, que todavía la gente sueña con tener guacamayas en su casa, aunque, destello de esperanza, a pocos les gustaría tener un mono.

Es difícil, también, explicarle a una cultura de raigambre agraria que las relaciones con los animales no se deben limitar sólo al servicio que nos pueden prestar. Como me dijo un ochentón, cuando le hablé de protección al medio ambiente: "¡Un momento señor! En la Biblia está bien claro que Dios creó al mundo para servicio del hombre". Bueno, no iba a contradecirlo, ni tenía tiempo, ni creo que lo pueda cambiar. El trabajo está con los que vienen, con los chicos, porque, en general, la mayoría de ellos quiere a los animales de forma espontánea.

Hace poco una compañera leía un anuncio. "Por USD $500 te podrías ir a un crucero por El Caribe", me dijo. "Buena onda", repliqué, "me dan ganas, sólo tendría que ver quién me cuida a las gatas". "Eso no es problema", explicó, "las regalás y te vas de viaje".

Tampoco quise explicarle que son mis alteregos, reflejo de mis mejores luces y perores sombras, diosas venidas a menos, viajeras en el tiempo que de encumbradas, como estuvieron en el antiguo Egipto, ahora sobreviven casi anónimas en el Occidente cristiano.
No puedo publicar el nombre del veterinastro, porque no me consta lo relatado por la chica; sin embargo, si me lo preguntan, se los digo.

6 comments:

Chapolita said...

En lo personal me gustan mucho los gatos. Uno de mis sueños es tener un par cuando tenga mi casa propia. Lamento mucho lo sucedido con la gatita...no cabe duda que en todos lados existen profesionales sin vocación. No debería tener licencia.

Nancy said...

Yo prefiero a los perros pero adoro a los gatos. En mi familia ha habido todo tipo de mascotas... hasta un mono araña.
Apapachos.

P.D.
Me encantó lo de veterinastro.

David Lepe said...

"Los regalas", dice... aquella tu responsabilidad. Yo no me imagino regalando a mis mascotas.
El último párrafo me llegó.

Nicté said...

los gatos son mágicos, cuando tenía 12 años me regalaron un gato viajero, un angora blanco nacido en inglaterra, de nombre pudding, viajó a Kansas, donde se lo regalaron a mi tía que iba camino a sudamerica, así que lo dejó aquí. un gato de apartamento, castrado y sin uñas (como se acostumbra en londres) tenía como 14 años y era sumamente perezoso y gordo, en la casa habían 8 gatos más que cazaban, mucho espacio, antes de morir (de viejo, claro, a los 16 años) intentó pelear con los otros ( sin uñas) y montar una gata (increíble) así que creo que murió feliz.

luis said...

Creo que nuestro fundamentalismo está al mismo nivel. Ojalá operés a las mishas pronto, pues has ejercido una "procastination" bestial (no pun intended).

Leon said...

Chapolita: Así como te conozco, sé que los vas a disfrutar mucho, tenés el espíritu libre de quien encuentra a los gatos encantadores.

Nancy: Qué bueno que te gusten los animales, y los perros tienen sus gracias, pero yo sí soy fan de los gatos. En mi casa también tuvimos mascotas raras, pero es mejor dejarlas en su medio ambiente.

David: Cabal diste en el clavo, gracias por el comentario.

Nicté: Qué bello comentario, es cierto, los gatos tienen magia. La historia de tu gato me llegó hasta lo más hondo. Ninguna mascota es tan interesante como un gato viejo y ese tuyo, se ve, era un macho valiente y aguerrido. Son de esos gatos inolvidables, de verdad, yo tuve uno que estuvo conmigo muy poco, se llamaba Murmur y a LaPerla, mi gata que murió de 15 años de vieja, todavía la siento cerca de vez en cuando. Ah sí, tu gato murió en su ley.

Luis: Así es vos, somos de un fundamentalismo grueso, pero me ha vencido el amor por ellas.