Friday, March 02, 2007

Ghost Rider, un experimento lamentable

Algo debe tener este personaje de Marvel, creado por los escritores Roy Thomas y Gary Friedrich, y por el artista Mike Ploog (Marvel Spotlight, volumen 1, #5, agosto de 1972), porque tanto Johnny Depp como Jon Voight quisieron el papel titular. Pero el entusiasmo de Nicolas Cage (quien hasta tiene un tatuaje de él) y su apoyo económico, lo convirtieron en el flamante esqueleto de profunda raigambre oscura.

Johnny Blaze (Cage, de viejo; Matt Long, de joven) salva a su padre (Brett Cullen) de las garras del cáncer por medio de un pacto firmado con Mefistófeles (Peter Fonda) quien, haciendo honor a su naturaleza, lo engaña. En efecto, lo sana pero lo mata de inmediato en un acto circense de acrobacias en motocicleta (el medio de vida de la familia), y Johnny queda condenado a convertirse en un cazafortunas quien, como hicieron sus colegas del Viejo Oeste con los prófugos de la Justicia, debe buscar a los fugados del Averno para devolverlos a su castigo.

Aparece Blackheart (Wes Bentley), hijo de Mefistófeles, venido a la Tierra con tres compañeros: Gressil (Laurence Breuls), Wallow (Daniel Frederiksen) y Abigor (Mathew Wilkinson). Los tres, demonios de quinta categoría disfrazados, cada uno, con un elemento clásico de la Alquimia: Aire, Tierra y Agua (el Fuego quedó reservado para su amo). Por supuesto, Mefistófeles cobra en ese momento el pacto y ordena a Blaze atrapar a los rebeldes para evitar que conquisten al mundo.

Blaze se lanza a cumplir con su misión pero se topa con un escollo, y es que reaparece su amor de adolescente, la periodista Roxanne Simpson (Eva Mendes, de adulta, y Raquel Alessi, cuando chica). La cinta se asegura de presentar a la hispana como a una criatura de belleza exuberante y salvaje, irresistible incluso para un semidemonio como Blaze. No debería mencionarlo, pero el amor es la señal esperada por el huesudo para concluir su búsqueda místico-teológica, motivada porque quiere saber si existe una segunda oportunidad para un condenado.

Como es necesario que Blaze encuentre un guía, sucede un encuentro con el Ghost Rider anterior, un vaquero creado por los mismos escritores para Marvel en los años 60: Hamilton Slade (Sam Elliott), quien en el cómic no tenía poderes sobrenaturales, pero en la cinta sí.

El director Mark Steven Johnson (Elektra, Daredevil) dejó su típica impronta, como en sus anteriores direcciones: las escenas, efectos especiales y secuencias de acción son de calidad, pero no convincentes. El argumento, debido a su pluma, es lineal, carece de fondo, los personajes son planos y predecibles y las incursiones filosófico-teológicas, elementales. Encima, algunos efectos especiales no llegan a la altura esperada en estos tiempos (por ejemplo, las centellas que acompañan a la llegada de Blackheart) y la edición, con franqueza, parece la de un novato. Incluso el diseño de la motocicleta del Rider es una risible piratería del trabajo de H.R. Giger. Aunque la moto de Johnny sea una réplica exacta de la montada por Peter Fonda en Easy Rider y la escopeta palanquera calibre 12, una Winchester original modelo 1887, la hubiese usado un vaquero como Slade, otros props no son tan convincentes. Sin embargo, no será malo verla. En el cine, a diferencia de en DVD, es menos peor tal vez porque el sonido en ocho canales ayuda a enmascarar algunos de los errores.

A propósito. Johnson, para felicitar al sonidista Don Davis por su trabajo, afirmó que la voz del Ghost Rider atronaría en las salas de proyección. Bueno, tal vez, pero a pesar de que éste utilizó la voz de Cage filtrada a través de gruñidos animales reproducidos a la inversa, más el golpeteo de las mondas mandíbulas, no me pareció en especial aterradora. Más efectiva, tal vez, podría haber sido la Mirada de Penitencia, "una de las armas más poderosas del Ghost Rider", según explica Slade. Pero no fue explotada a su máximo ni por el director ni por los especialistas de efectos especiales, quienes lograron ahogarla en un mar de fuego.

Las actuaciones son pobres, en especial la de Cage. Mendes, por su parte, sólo es ella misma pero con eso le basta para incitar las fantasías de cualquier auditorio adolescente. Peter Fonda presenta a un diablo exigente, afectado y falto de imaginación; ahora, ese es su personaje, no él.

Por el estilo, el soundtrack enfatiza con marcador iluminado. Si la música, como dice Roger Ebert, sirve en una película para destacar, disminuir, remarcar o incluso anticipar, es por lo menos poco creativo utilizar canciones viejas, trilladas y "de cajón" para esclarecer lo que ya es evidente en la pantalla.

Según James Berardinelli esta película es un bodrio mundano. Lástima, tiene razón. Pero no pierdo la esperanza, tal vez siga una segunda parte, tal vez escojan a un mejor director y tal vez le salven el honor al personaje. Ha sucedido antes, tal vez suceda otra vez.
Fotos: cortesía de Sony Pictures.

3 comments:

Luis F. Alejos said...

Warning: this article contains spoilers. Sin más comentarios...

Leon said...

No spoilers at all, te reto a que me los mostrés. Además, según tus propias declaraciones, este no es el tipo de cine que irías a ver...

Fer said...

maletona la pelicula, tenes razón