Tuesday, March 06, 2007

Tres consideraciones sobre Cazadores de Amores

“Un artista es una criatura manejada por demonios. No sabe por qué lo eligieron y casi siempre está demasiado ocupado para averiguarlo”.
William Faulkner


I Inferno
Plutón en 26° Libra
Según las teorías del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, muy dentro de nosotros yacen, casi siempre dormidos, esos bloques fundamentales de la mitología humana: los arquetipos. El escultor Sebastián Barrientos es un extraño pescador de ideas quien lanza sus anzuelos en aguas profundas, turbias y procelosas sin saber cuán terribles serán las presas que extraiga de sus abismales nichos. Una vez en sus manos, tales criaturas, hasta entonces virtuales, cobran forma en el mundo físico realizadas, ni con el brutal golpe del martillo, ni con la dureza del escoplo, sino con la minuciosa destreza con la que un patólogo describiría los peores padecimientos humanos. Cada tríptico y políptico trasciende a sus propios límites físicos, como sucede en Diabolo, para multiplicarse en forma polidimensional porque, gracias a su riqueza simbólica, al cambiar el ángulo de incidencia de la luz o el punto de vista, también se altera el concepto que nos deja cada una de las figuras. Así, las convierte en legión, una arrolladora legión de ideas cuyos reflejos fractales apelan a esas profundidades del inconsciente colectivo que las transforma en símbolos de las oscuridades de cada espectador. Las texturas brutalistas, los colores que apelan a la Madre Tierra y los temas, basados en una narrativa inventada por él, que se desarrolla según la entendamos cada uno de nosotros, sugieren conflictos, maledicencias y lamentaciones que alcanzan hasta a los ángeles caídos. De línea simple, pero de factura maestra, cada conjunto recuerda nuestras mutilaciones, carencias, fracturas y disfunciones y nos lleva a ese lugar en donde se sufre de frío, no hay luz y se escuchan lamentaciones y crujir de dientes.


II Purgatorio
Júpiter en 9° Escorpión
Sobre el ala de una de las figuras, en el conjunto Los Hacedores de Rosas, se multiplican éstas flores que han simbolizado en Occidente exaltados estados de conciencia y han servido como recordatorios del triunfo de la trascendencia sobre cualquier abismo oscuro, para cruzar lo que Aldous Huxley llamó “las puertas de la percepción”. Sebastián impone a sus conjuntos escultóricos un ritmo estable que busca al antiguo número Φ, el número de oro. Placenteras a la vista, las obras poseen una armonía exaltada y una composición natural, nunca forzada, que lleva a sentirlas como parte normal del entorno en donde están y que obligan al espectador a formar parte de ellas y si éste no se cuida, lo devorarán. Por su tamaño y volumen son para grandes espacios, para ser sentidas como propias o demasiado ajenas, sin límites ni de tiempo ni de espacio. En este estadio agitan a la conciencia como lo hacen algunas obras de maestros consagrados. Y sin embargo, guardan consigo el encanto de una propuesta prístina, nueva, aún no contaminada por la autorreferencia, el aburrimiento o la repetición incesante que recordaría a una muela de molino. Asistimos al surgimiento de un creador audaz, cuyas raíces se hunden en una tradición familiar, pero que cosecha frutos singulares como si de un salto cuántico se tratara.

III Paradiso
Mercurio en 16° Acuario
Móviles hacia arriba y abajo, de izquierda a derecha, hacia adelante y atrás, estas esculturas son un hermoso ejercicio tridimensional convertido en una danza que explora las ilimitadas posibilidades del espacio, para que lo defina la mano del artista. Procedentes de las más profundas cavilaciones de la era moderna, ricas herederas del cómic, la escultura tradicional y el diseño experimental, así como de la iconografía clásica (algunas recuerdan a viejos dioses greco-romanos), siguen de cerca los intereses musicales de su escultor y proceden de un plano bidimensional, creado por los excelentes bocetos del artista, pero, sobre todo, de su pasión visceral y entrega por realizarlas. Preciosistas pero brutales en sus detalles, a veces erizan la piel y a veces contaminan al corazón con la alegría que producen los encuentros fortuitos con personas, accidentes geográficos, especies o incluso, con otros objetos agradables. Pero estas obras de arte, a pesar de ser también objetos, poseen tal fuerza inmanente como para permitirnos fantasear que vamos a dialogar con ellas. Tal extremo sólo es posible, por supuesto, si tenemos un tanto de músico, poeta y loco o si, como Sebastián, sabemos penetrar en la materia, más allá de lo evidente, hasta llegar a su esencia trascendental, esa que hizo creer a los alquimistas de antaño que todo, desde el firmamento hasta el último cascajo, está dotado de vida propia.
La muestra Los Cazadores de Amores, de Sebastián Barrientos, estará en exhibición en el Museo Nacional de Arte Moderno desde el jueves 8 hasta el sábado 31 de marzo. No se la pierdan.
Texto tomado, con ediciones, del catálogo de la exposición © León Aguilera Radford, 2007.
Fotos de Mauricio Acevedo, cortesía de la Fundación G&T Continental.
Loas cálculos de la carta astrológica de Sebastián son de este sitio Web.

2 comments:

Duff Man said...

Intriga su propuesta, es como para estudiarla.

Leon said...

Bastante, a mí me encantó, pero a otros incluso hasta los disgustó. Eso la califica bien.