Monday, July 11, 2011

Reflexiones de Invierno (borrador)

Foto: R. Compton / Anybody... there?
Creo que venía pensando en la muerte de Cabral, en cómo el destino teje los últimos momentos de una persona y la lleva hasta las cuerdas. "Si hubiese tomado el shuttle del hotel al aeropuerto, tal vez no hubiese muerto". Caminaba por la 18 Calle, concatenando ideas. Una de ellas me hizó agitar con fuerza la cabeza. Un hombre de tal vez 22 años, muy flaco, pelón, con una bolsita de flex en la mano, de paso seguro y rápido y rostro plácido se acercó y me tendió la mano. "Te vi", me dijo, "vas por acá pero estás bien lejos, más allá". "¿Por dónde creés, por la Luna o por Marte?, repliqué". "No, qué va, ¡si estás por Jupiter o más allá!". "Bueno, cuidate, andále con paso seguro", me aconsejó.

Este encuentro me recordó a la anécdota del cuervo de Loren Eiseley, como la relatan Pauwels y Bergier en El retorno de los brujos. El hombre me reconoció como a un igual, como a quien busca mundos alternativos y paraísos artificiales. Quién de los dos volaba bajo en ese momento, ¿él o yo? ¿Quién sería el cuervo y quién el transgresor del espacio sagrado, de las estratósferas reservadas sólo para quien sabe cómo abrir las alas para elevarse hasta ellas?

Sí, con paso seguro sí voy, pero con la duda corrosiva siempre a cuestas. ¿Por qué, después de la infección de pulmón que tuve, aún estoy vivo? En 2002, cuando una crisis similar, sobreviví y el sentimiento resultante fue de paz, de saber que había superado una prueba difícil pero con sentido. Hoy no, dudo que haya quedado vivo por algo bueno. Me pregunto si fue gracias a un dios o a un demonio haberla superado. Solo cuado veo a Padme y Amidala entiendo que tal vez fue únicamente porque era necesario y por el estadio en que se encuentra la tecnología médica.

2 comments:

J M said...

muy bueno, muy bueno... dónde nos estará esperando la muerte?

Leon said...

En cualquier esquina, debajo de la cama, en el piso de arriba, cerca de un inodoro o a caballo vos. En cualquier parte. Un grabado del siglo XVII dejaba ver a un hombre quien abría la puerta de su casa de noche, solo para descubrir que la invitada era la monda huesa. Así que a vivir, muy en contra de lo que dijo Hesse: "Mi consuelo es que de una u otra manera esto se va terminar un día. Que en algún momento voy a descansar y a dejar de pensar"; hay que vivir.