Sunday, April 24, 2011

Sri Sathya Sai Baba (1926 - 2011)


En los años 70 del siglo pasado existía una tienda en la 5a. Avenida de la Zona 1, La Casa del Banderín y del Escudo. Aparte de banderines y escudos su dueño vendía también objetos traidos de India y era devoto de Sai Baba, fue de sus primeros en Guatemala. Por él supe del gurú, porque pregunté al ver los afiches que en abundancia se exhibían allí. Se veía a un gordo moreno y sonriente, con peinado afro, de vestiduras color azafrán, cuyo retrato iba acompañado siempre con una foto de sus pies.

No tardé mucho en toparme con un libro británico de un investigador quien se había dedicado a examinarlo, ya que se convertía a toda velocidad en un fenómeno de dimensiones planetarias. El autor, a quien no recuerdo, informaba de los milagros de Sai Baba, como materializar objetos tan vulgares como relojes o diamantes cortados, así como cenizas que se generaban en su retrato, las vibhutis. Aplicadas a la frente o ingeridas diluídas en agua se les tenía como una panacea. Pronto también surgió un culto organizado, liderado por un señor de apelido Mishaan, si mal no recuerdo. El hombre dirigía viajes al ashram del gurú. Los pasajes aéreos comprados con él salían más baratos. Un día regresó con uno de los famosos diamantes.

Rodrigo Fanjúl y yo pedimos ver la piedra o que alguien del culto nos acompañara para llevarla al Icaiti (Instituto Centroamericano de Investigación y Tecnología, ya desaparecido) o con don Bruno Hahmann, valuador certificado por el GIA (Gemmological Institute of America), para determinar si era auténtico o si se trataba de una simple CZ (Cubic Zirconia, ZrO2). Nunca obtuvimos respuesta, sólo se nos informó con cierta cortesía que el objeto estaba a resguardo en una cajilla bancaria.

Pocos de mis amigos fueron miembros de su culto. Uno de ellos incluso viajó a India en busca de salud, solicitud que Sai Baba declinó, alegando que no podía intervenir en su karma personal. En vez del milagro le aconsejó volver a Guatemala en busca de un médico calificado para su caso. Un filósofo, un ingeniero de IBM, una ama de casa enamorada de India y otros personajes de altas calificaciones académicas lo seguían de cerca, ya para investigarlo, ya para denostarlo. Algunos de ellos, sin embargo, ayudaron a montar la sede de su culto en Guatemala, que pronto se bifurcaría, el karma que parece perseguir a todos estos movimientos.

La era hippie quedó atrás y con ella la notoreidad de Sai Baba. Sus viejos seguidores también se han bifurcado, dejaron de creer o cambiaron de creencia. Controversias a un  lado o alegatos en su contra por acoso sexual (lo mismo dijo Lennon de Maharisihi), su movimiento sigue creciendo aunque a paso menos acelerado. Rodrigo y yo nos quedamos con ganas de valuar la piedra preciosa que se dijo había materializado de la nada.

Mientras Maharishi anunció su muerte con tiempo, Sai Baba dejó este mundo en uno de los hospitales patrocinados por su Fundación, asistido por aparatos y rodeado por médicos de escuela occidental. No tomó sus vibuhtis, por lo visto. Pero no lo critico, para entendero, algo que no pudo comprender Lennon de Maharishi, hay que nacer en India y crecer allá. ¿Materializar objetos? Nada  fuera de lo común, si Pramahansa Yogananda, en su Autobiografía de un Yogui, afirma que su maestro materializó para él y por pedido suyo un palacio construido por completo de oro. Y que era real y que habitó en él.

Fantasía en Occidente pero realidad en India, tan real como los milagros que hacía Tarzán López por diez mil pesos en las iglesias a donde lo llamaban, porque era muy milagroso con la imposición de manos...

Adiós Sai Baba, te veremos en tu próxima reencarnación.

2 comments:

CHC said...

La primera vez que vi a Sai Baba, fue en un reportaje de la tele, hace muchos años. La verdad, me asustó, como se asusta uno ante lo desconocido o lo que está fuera de sus creencias. Y por su peinado afro. Luego vi su foto en la casa de unas vecinas, cuya devoción luego también se bifurcó. Más tarde supe más de Sai Baba, pero no profundicé por falta de interés.

Me gustó tu relato.

Leon said...

Muchas gracias Chachi, una amiga me cuenta que cuando era adolescente temía pasar frente al Templo del Monje Yoga, en la 7a. Calle entre 9a. y 10a. avenidas, porque le daba miedo el afiche de Sai Baba que estaba en la vitrina.