Friday, June 05, 2009

David Carradine 1936 - 2009



David Carradine tenía un estilo de actuación que siempre me pareció atractivo, incluso desde sus tiempos de Kung Fu. Antes de esa serie no sabía nada de artes marciales, sin embargo, después se convirtió en uno de sus más fervientes adeptos. Gracias a él y a la serie, muchas personas se acercaron a estas técnicas milenarias, no solo de combate, sino de vida. A diferencia de un Chuck Norris, por ejemplo, los personajes de Carradine mantenían una visión filosófica de la vida. Como me dijo una vez mi amigo El Caballo, las artes marciales no sólo deben servir para golpear, sino para aprender a no caerse de una lancha en movimiento. A pesar de que todo el mundo lo recordará más por estos papeles y por su actuación en el bíptico Kill Bill, su personaje en El Huevo de la Serpiente, de Ingmar Bergman, es memorable. Hará falta este hombre que se va, a los 72 años, como todo un veterano que venía de un matrimonio roto cuando apenas contaba 7 años, que luchó con éxito contra las adicciones pero que no pudo, a juzgar por las noticias amarillistas, superar a su propia sexualidad. Adiós gran actor de la serie B, del buen cine y sobre todo, de la vida.

5 comments:

Nancy said...

Dejó muchos recuerdos en mi generación, supongo. Y bueee, descansa en paz

chapintocables said...

Esto es muy triste, jamás pensaríamos que alguien que lo tiene todo se quita la vida.

m said...

Lástima que será recordado como alguien que murió por masturbarse (y borracho además...)

David Lepe said...

Su papel en Kill Bill fue su coronación para la nueva generación. Con mi abuelo vimos juntos la serie Kung Fu, pero no recuerdo muy bien la trama.

Leon said...

Yo creo que es parte de su lagado, Nancy, habernos dejado esos recuerdos.

Ahora parece que no se quitó la vida, chapintocables, más bien podría ser uno de esos casos que no se resuelve nunca bien.

No hombre, para nada m, yo creo que por echarse una pajita no será por lo que lo recordaremos.

La trama era lineal, casi minimalista, David: un monje Chaolin, Saltamontes, recorre el Viejo Oeste gringo desfaciendo entuertos y demostrando la superioridad de la mente sobre la bala.