Wednesday, January 20, 2010

Levántate Haití, con un borrón y cuenta nueva


Supe de Haití desde que tengo memoria. Recuerdo a un embajador de ese país cuando visitó mi casa, porque mi madre iba a ofrecer un recital con sus poemas, traducidos del francés, en su programa Oro Lírico en el Atardecer. No recuerdo la fecha. Ese país era entonces el reino de Papa Doc y sus Tonton Macouts. Aprendí a amarlo cuando leí The Serpent and the Rainbow (La serpiente y el arcoiris) del antropólogo canadiense Wade Davies. La consecuente película, que me gustó, presentaba a un reino mágico en donde el voodoo, la santería el cristianismo y otros ísmos convivían en aparente paz. Más aún, ahí había zombís, un misterio que Davies, creo, logró resolver.

No se si fue en la década de los años 70 o los 80 cuando vi, si en una Hustler o en una Penthouse, a una modelo que se paseaba desnuda o semidesnuda por las calles de una ciudad haitiana, Port-Au-Prince, me imagino. La propuesta me repugnó entonces, tal vez porque me pareció un descarado extremo de exhibicionismo lúdico ante quienes, obviamente, padecían una pobreza terrible. Y en aquel tiempo no tocaban los fondos a los que descienden hoy. La razón es clara, como la explica Robert Maguire, director del Programa Haiti, de la Trinity University de Washington, D.C., en una entrevista concedida a la revista Time:

"There's a potential silver lining in a deep, dark cloud. Investment in the development of rural Haitian economies has been lacking for the past three decades. This has spurred a tremendous, off-the-land migration to Port-au-Prince. An average of about 75,000 people per year have been arriving in Port-au-Prince from the countryside for 30 years. That's why the city has grown from 750,000 people in 1982 to more than 2 million today. You can't change tectonic plates, but you can change the dynamic that has people seeking a sliver of opportunity in a city that can't offer it to them. They stack up against each other, and you see the results".

Es decir: tres décadas de abandono del desarrollo rural (gracias a Papa Doc, a su hijo Baby Doc y a la indiferencia y explotación de Occidente) provocaron una afluencia masiva a la capital: de 750,000 habitantes que vivían allí en 1982, hoy se calculan en dos millones (por cierto, nos deberíamos ver en ese espejo).

El terremoto que se ha cebado sobre Haití me ha dejado devastado en más de un sentido, como lo ha hecho con otros como yo. Ante un fenómeno natural (otro espejo en el que debemos vernos), ante un Act of God como dicen los gringos, no cabe más que la esperanza. Sin embargo espero, y oro por eso, para que el horror despierte al espíritu haitiano y lo lleve a reconstruirse, como decimos en regular chapín, con un borrón y cuenta nueva.

La ayuda fluye al Haití, en especial la gringa que, a pesar de los ladridos franceses (país que tiene harta deuda histórica con ese país) y los chillidos de un Chávez o de un Ortega, está siendo efectiva: es tan importante que Cuba abrió su espacio aéreo para que los aviones yankis arribaran más rapido. La verdad es que este es considerado el país más pobre del hemisferio occidental (sólo nos supera a nosotros en muchos indicadores, otro espejo más). Su derrotero hacia una mejor vida es largo y estará lleno de abrojos y a veces pienso que sin soportes externos no le será posible salir adelante. Pero le queda la esperanza, la misma que debemos tener nosotros, los chapines.

2 comments:

JAD said...

Me gusto mucho como mezclo recuerdos y el presente, excelente don Leon ojala Haití y Guate se levanten un día

Leon said...

Gracias vos, y en efecto, tenemos que levantarnos y rápido, solo espero verlo todavía.