Saturday, May 02, 2009

Watchmen o el destino del guerrero

Watchmen llenó mis expectativas pero no en magnificada medida. El filme ni es una recreación, ni es una adaptación. El director Jack Snyder transvasó la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons al celuloide, sin la venia del primero. Logró una película de imágenes épicas que dan soporte a un argumento brutal, descarnado, con escenas y diálogos que nadie querría ver en la vida real. Pero, sobre todo, alcanzó a describir a los personajes con la crudeza del cómic: superhéroes trasnochados, falibles, sufridos y llenos de resentimiento contra la vida, la sociedad y contra sí mismos. Algunos, incluso, refugiados en la nostalgia, el recuerdo y un existencialismo corrosivo.

La historia se desarrolla en forma anacrónica durante la era Nixon y la Guerra Fría: la posibilidad de un holocausto nuclear estaba presente en todo momento. Nixon, Kissinger y otras alimañas de aquellas eras pululan la cinta para terminar el feísta acabado de algunos de sus segmentos. Los superhéroes, además, no aportan precisamente esperanza, al contrario, son depresogénicos. Al estar ya retirados, cada uno había tomado su propio camino, cada uno enfrentaba sus propios demonios y cada uno sabía hasta dónde había llegado su bajeza. Algunos no habían sido bajos, sino viles. Pero el deber siempre llama, y siempre debe cumplirse, le guste o no a quien le sirva, aunque ya esté viejo y acabado, aunque ya nadie quiera saber de él o de ella, haya o no haya sido grande en el pasado. Y ese, tal vez sea, al fin y al cabo, como tituló Georges Dumézil a una de sus obras, el verdadero destino del guerrero.

Cuando terminé la novela gráfica la sentí tan rica como a una textual. Al finalizar la cinta sentí, en cambio, como si me la hubiesen presentado en un formato zip derivado de una tecnología desconocida: quedó de mi lado descomprimirla para llevarla a su plenitud de significados, riqueza visual y contenido extremo. Habré de esperar la versión en DVD, una hora más larga y con la inclusión del relato de piratas que cuenta la obra como extra, para tener una mejor panorámica. Tal vez tenía razón Terry Gilliam, quien consideró que en vez de filmar una película de 190 minutos, hubiese sido mejor una miniserie de 300 minutos, para redondearla por completo.

De todas formas, su impacto, excelente elenco, magnífica pista musical que incluye clásicos como 99 Baloons, actuaciones hipnotizantes y crítica social, se merecen por lo menos más de una consideración. Y si la pueden ver en formato Imax, no duden en hacerlo.
Imágenes: Sitio Oficial.

1 comment:

Duff Man said...

Es una poderosa aproximación, la aventurada por Zack Snyder... concuerdo (aunque entiendo, por razones comerciales, por qué no eligieron esta opción) con vos y Terry Gilliam, en largometraje versus miniserie. Cuando se trata de una obra de culto, sin embargo, todo es objeto de escrutinio.