Saturday, November 11, 2006

Encuentro un 31 de octubre

"Alone, a handful of primitive men...", recordaba las palabras de Madame Blavatsky mientras acariciaba el lomo, dentro del bolsillo de mi chumpa, de una edición pirata de su Doctrina Secreta. A la vez, la calzada del cementerio me parecía más ancha, lóbrega y difícil de recorrer. Volvía del entierro de un pobre ochentón solitario, quien se fue de este mundo sin deudos ni lujos. Tuvo lugar a la orillas de un barranco acompañado por una macabra sinfonía que aunaba al golpeteo de la tierra, cuando caía sobre el ataúd, el reclamo de aves carroñeras, el siseo insistente del viento, los gemidos de dos viejas desconocidas y el ruido de gruesas gotas de una llovizna de breve duración, pero intensa cuando chocaba contra orinadas láminas puestas al lado de una pared a medio levantar.

“Este tuvo suerte”, me dijo el enterrador cuando terminó, “porque hoy mismito en la noche se vuelve a levantar”.

Quise caminar para leer algunas lápidas, a pesar del cielo encapotado, el frío y la falta de gente. Tomé una vereda cualquiera y lo hice hasta que un hombre de mirada torva me distrajo. "Don, cierran la puerta a las y media y ya son las cinco". "Gracias". Apresuré el paso para volver pero una mujer vestida de negro, a la moda de los años 40, con cofia y un velo fino sobre el rostro, me detuvo. "¿Cómo estás?", me dijo. La voz estremeció hasta mis huesos, mientras fingía compostura. "¿Y tu?", respondí con cautela.

Sabía de sobra que había sido enterrada hacía más de una década, pero su olor y el calor que despedía despertaron de nuevo el apetito que sentí alguna vez por ella. Pronto olvidé el miedo ancestral que inspiran los muertos. Empecé a recorrer aquél cuerpo de palpitante lujuria. "No regresé a coger y además nunca lo hice contigo", me dijo con firmeza. "Me llaman de vuelta tu indiferencia, tu desapego y tu desgraciado olvido".

"¿A dónde se puede visitar a los muertos?", le pregunté. "En sus tumbas, en tu memoria, en muchas otras partes o, acaso, ¿me encontraste sustituta?". Esas palabras trajeron recuerdos, encerrados bajo siete sellos después de su partida. De otra manera, la locura y el caos hubieran sido los inevitables escalones para llegar a un destino seguro: la muerte.

Nos veíamos a menudo, siempre de noche para exigir lo mejor de la buena mesa, de la lectura, la música, el cine y la poesía. Compartíamos nuestras intimidades y éramos, así lo decía todo el mundo, los mejores amigos. Pero nunca me permitió tocarla y esa prohibición, que nos llevó a considerar al sexo un tabú, inflamó mis apetitos. Recuerdo aquellas tardes, imaginando su cuerpo. Mis fantasías no conocían límites, ardían como una llama encendida para iluminar sentimientos, deseos y retorcidas pulsiones. Se convirtió en única, en más que diosa y en menos que puta: me excitaban las puntas de su cabello, sus axilas, el movimiento de sus rodillas y hasta la forma como bajaba los párpados. Disfrutaba sus pies desnudos o pensaba en besar sus arcos cuando calzaba tacones escotados.

En ocasiones debía correr al baño, en el trabajo, en el cine o en mi apartamento, para desahogar aquella pasión sin esperanza. Así terminaba esos tristes ciclos de celo, seguidos por un breve, brevísimo, periodo de tumescencia psicológica y de frustración que desembocaban en ira. Ira porque todo estaba en mi cabeza y aunque tuviera erecciones de caballo, sabía que era impotente, inútil, una basura indigna de recibir siquiera una caricia que ella reservaba para muchos otros.

"¿Por qué nunca me dijiste nada, por qué fuiste tan hipócrita y tan complaciente conmigo?" Su pregunta interrumpió mis recuerdos y al ansia que venía en camino. De golpe sentí otra vez cómo la vida jugaba conmigo. Ahora, mostrándola tan deseable como siempre, tal vez incluso por fin dispuesta, pero cuando ya estaba muerta. "Sí", me dije, "esa es la intención, abofetearme la imposibilidad sin ningún miramiento". "¡Maldita vida, hija de puta!", exclamé. Me vio sin mover un músculo, se puso el índice en los labios, dio la vuelta y se fue. "¡Ojala sea para siempre!", me dije en voz alta, con intención de ofenderla y provocarla, pero ya se había ido.

Sentí más fuerte el frío y recordé, "a las y media". Apresuré la salida. La puerta principal ya estaba cerrada pero una de las pequeñas laterales no. Salí. Estuve de pie al lado de un puesto de flores, sin saber a dónde ir. Cuando mi cerebro empezaba a desconectarse y una sensación de abandono se apoderaba de mí, alguien, en el puesto o en otro lado, subió el volumen de un equipo para escuchar a máxima estridencia The Justice of Roma. La voz del cantante de Rosae Crucis entró a mi conciencia como un escalofrío del más allá. Volví, como lo hizo ella, sin saber si yo también estaba muerto, si morí con ella, o si sólo soy un zombi, un cadáver viviente que se alimenta de sus propias fantasías.

Ya había oscurecido. Empecé a caminar para mitigar el frío.

Foto: Vereda en Mixco Viejo, detalle, 2004.

5 comments:

Alejandra Cardona said...

Buenísimo. Las historias con muertos y apasionadas siempre hacen que uno siga leyendo. Hubo muchos fragmentos que me gustaron pero en especial el final: Volví, como lo hizo ella, sin saber si yo también estaba muerto, si morí con ella, o si sólo soy un zombi, un cadáver viviente que se alimenta de sus propias fantasías.

También creo que el lector se contagia de la presión que el señor del cementerio ejerce al decir: “Cierran a las y media”. Y, por supuesto, la duda: ¿es sólo fantasía o podría suceder en la realidad?

Ya lo olvidaba, me hizo reír muchísimo lo de las erecciones de caballo.

Felicitaciones.

Sergio Quemé said...

La literatura está llena de cualquier cantidad de estilos, pero pocos están tan bien definidos como el tuyo. Me gusta mucho tu narrativa y me provoca mucho de uno de los siete pecados capitales, ese mismo, la envidia...
Grande Radford!

Anonymous said...

Leon que tal, ya que pediste mi opinión acerca de tu blog no queda mas remedio que atormentarte con mis lineas. Tu relato esta bien estructurado y la linea de la historia se desarrolla muy bien. La naturaleza de la critica es la de señalar la validez de la pieza objetivamente, por lo que me reservo un analisis de linea a linea (o talvez soy perezoso). Considero la pieza una representación poetica de una sensación a la que pocos escapan. Insisto en que si este tipo de estetica es de tu agrado busca discos como fields of pestilent grief de la banda funeral o pedimelo. Rosae Crucis suena a rock gotico, pero no lo conozco, ¿recomendable, tenes discos? El nombre suena como.. estaba escribiendo esto cuando recorde que tengo internet duh! Power metal epico, parece interesante. Si disfrutas el metal epico busca musica de Doomsword.

Vos decis que has empezado tarde en la creación literaria en alguna parte del blog cuando comentas una pieza de una joven amiga tuya, quisiera decirte que para eso se aplica lo mismo que le dijiste a mario acerca de su comic. No hay tal cosa como empezar muy tarde, un artista pasa la primera parte de su vida desarrollando las tecnicas con las que podra crear su arte. Aprendiendo los rudimentos del lenguaje con que se comunicara. Tu escritura es igual o mas sofisticada que muchos autores publicados y no deberia tomarte mucho desarrollar aquello que no te guste. Sos la unica persona cuyo lexico me ha hecho ver mas de una vez un diccionario. Aunque esto no habla tan bien de vos como lo hace mal de la gente que conozco; la excelencia deberia ser el estandar. En cuanto al tiempo se pueden citar ejemplos historicos famosos: Mozart, Mendhelsson, Schubert y muchos mas que murieron jovenes. Rameau que empezo a componer en sus cincuentas. Haciendo un analisis numerico a grosso modo si uno de estos artistas murio a los 33 años y empezo a crear a los 8 años tuvo un promedio de creación de 25 años. Estadísticamente los pronosticos de vida apuntan a los 80 o mas años. Por lo que decir que se empezo muy tarde es inexacto. Y por supuesto a mi me pasa lo mismo y tengo que aprender a practicar lo que predico. sigh

Anonymous said...

Hola León, de Encuentro un 31 de octubre.
No soy escritora de cuento(escribo copys) y tampoco soy experta en las clases narrativas, así que esta es mi nada profesional y sencilla opinión:

Primero que todo, me gustó la narración en primera persona.

El primer párrafo, trae una situación que es desconocida (por que el tipo fue al entierro de éste hombre??) y lleva a buscar una situación que aún no ha sido dada. La escenografía no es acartonada de un típico cementerio (por lo menos los que yo conozco) y lleva a pensar, sin tener que ver con el título, que en los siguientes párrafos puede haber una situación de orden macabro.

El segundo y tercer párrafo, me pareció demasiado directo el contexto, me saca de la duda del primero de una forma muy rápida y sin gracia, ya no me está dejando nada a la imaginación, pues de una forma, llamémosla abrupta, se que se trata de una historia de muertos vivientes, zombies, fantasmas o como se le quiera llamar (claro que cada uno es diferente), ahí la gracia nace en que clase de "cosas" se va a encontrar el personaje. Ahora, aquí hay una parte fundamental en la historia, la hora de cierre; nadie, ninguna persona que visite cementerios y que comparta las características de los personajes de esta historia, va a ser tan "educado", "formal" o "buena gente" de decirte: ..."Don, cierran la puerta a las y media y ya son las cinco"... y como respuesta jamás recibirá un "Gracias", tal vés un "que me importa" o "deje de ser metido" o algo por el estilo, se siente que involucra "a las y media" para buscar un final anticipado. Cuando apareció la mujer, ya se da uno por enterado que es esta "la cosa" que se tenía que encontrar el personaje sin siquiera tener que seguir leyendo.

En el cuarto no hace falta decir "Sabía de sobra que había sido enterrada hacía más de una década" eso de la muerte ya está implícito y el tiempo del deceso es lo de menos, además más adelante en las líneas, él menciona lo de la muerte.

El quinto párrafo me es indiferente.

El sexto, séptimo y octavo, son los que resumen todo, aquí quedan muy claro las cosas y situaciones o excusas para dar un paseo por el cementerio, aquel sentimiento no correspondido y la búsqueda de respuestas a las que jamás se le formularon preguntas. Es definitivamente, la historia, aunque lo macabro, terrorífico o suspenso no se lo veo por ninguna parte y ya es muy tarde para encontrárselo o para que aparezca y no creo que fuese esa la intención en ningún momento.

El noveno y décimo, ya se venía venir el final de la historia, y con exacto resultado, "a las y media", nada sorpresivo, ni siquiera los detalles adicionales o la última situación donde la música lo concilia con la realidad y era obvio el alejarse, sin rumbo o con el, lo iba a hacer. Aunque nace la interrogación si el entierro del viejo era el suyo o fue simplemente una coincidencia.

Claudia X

Klavaza Blog said...

Claudia X: Gracias por tu comentario. Me encanta tu forma de hacer crítica, de hecho, te recominedo que estudiés a la escuela Estructural porque, si no lo has hecho, la utilizas de forma intuitiva, y con muy buen éxito. ¿Qué puedo agregar?, nada. Pero te cuento que aquí es común utilizar el don como una forma verbal para separar clases sociales: Los subalternos, en especial si son de clase más humilde, casi siempre se refieren al patrón o al superior como don fulano o don mengano. Por el estilo, los patrones, cuando se dirigen a un subalterno, en especial si es una persona mayor que ellos, también le dicen don perecenjo o don sutanejo, para distanciar la posibilidad de que se establezca un vínculo de igualdad entre los dos. Finalmente, si alguén no sabe el nombre de su interlocutor simplemente lo sustituye con el don, en especial en la clase baja, sin seguirlo de un nombre propio.