Por tanto, sobre el cuerpo femenino están centradas las miradas fundamentalistas, las salaces, las económicas y algunas con aun peores intenciones. Desde niña, una mujer aprende, ya sea por culturización primaria o por secundaria, cuánto vale tener un buen cuerpo. Debido a nuestra herencia judeo-cristiana, a la vez que valioso, este bien también es maligno, porque tienta y, por tanto, debe estar cubierto.
Como contestación a tal sarta de imbecilidades me pareció interesante el desplante de varias mujeres quienes, durante un breve lapso, se despojaron de su ropa para declarar que sobre su cuerpo ellas deben ser las únicas dueñas. Las consecuencias más o menos inmediatas me llaman la atención.
No quiero debatir acerca de la originalidad de la idea, trillada en otras partes y común desde los tiempos cuando estuvo de moda el streaking. Más bien, prefiero preguntarme por qué pareció un acto ofensivo, en especial a los hombres. Muchas mujeres comentaron que denigra su imagen o que ellas jamás lo harían; pero para los machos fue casi una declaración de guerra (según una microencuesta que realicé, preguntando).
Algunos hombres se reían de ellas porque no exhibieron un buen cuerpo. Otros, las maldecían e invocaban a las buenas costumbres y, por lo menos uno, las increpaba a distancia porque dieron un mal ejemplo (¿para quién?, le pregunté, "para nuestras mujeres", respondió).
A nivel macro y en general, los medios las ignoraron. Hasta donde pude monitorear sólo elPeriódico y Latitud, por TV, publicaron una nota inmediata. Prensa Libre lo hizo, con foto, en su edición dominical, siguiente del Día Internacional de la Mujer, contexto en el cual tuvo lugar la exhibición. Al buscar en sitios de noticias internacionales no se las menciona y a pesar de que Nuestro Diario hubiese parecido el medio adecuado para el caso, tampoco lo publicó.
Sin embargo, el fondo del desplante tiene raigambre histórica, porque es una forma contracultural de afirmar algo inconcebible para los machistas: que la mujer pueda disponer sobre sí lo que le venga en gana, desde empelotarse hasta abortar; desde maquillarse hasta raparse; desde amar a otra mujer hasta querer ser madre soltera.
Otra cuestionante mía giró alrededor de un hipotético grupo de guapas modelos, desnudas también, protestando en pro de la Ecología o contra el abuso infantil. En ese caso mis encuestados se mostraron anuentes, sin objeciones, y casi siempre respondieron entusiastas, con una sonrisa pícara, antes de terminar de plantearles la pregunta.
"Las mujeres sacamos tarjeta roja", decía la pancarta de una manifestante vestida como árbitro de fut. Otra contestación llamativa porque se valía de un recurso de la contracultura: utilizar contra el sistema sus propios estereotipos. Tampoco tuvo mayor eco, pero eso sí, la fotografiaron con bastante frecuencia ya que llamaba la atención, según un fotógrafo, "porque tenía una pantalonetía muy atractiva". Lástima, por ver a la prenda no apreció el mensaje o, más bien, creo, prefirió ignorarlo.
Foto: Jorge Morales.






A propósito. 












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